Una encuesta oficial mostró que la falta de consumo y el avance de las importaciones encabezaron las preocupaciones del sector fabril. La mayoría de las empresas no previó cambios positivos en los próximos meses.
La industria argentina enfrentó un escenario de debilidad marcado por la caída del consumo y la presión de los productos importados. Una encuesta del Indec reflejó que el 82,4% de los empresarios industriales no esperó mejoras en la actividad entre febrero y abril, lo que confirmó un clima de pesimismo extendido en el sector.
El relevamiento mostró que la principal limitación para aumentar la producción fue la demanda interna insuficiente, mencionada por el 53,5% de los empresarios. En segundo lugar apareció la competencia de productos importados, con el 11,7%, mientras que la incertidumbre económica ocupó el tercer puesto con el 5,7%.
Los resultados indicaron que las preocupaciones de los fabricantes se concentraron en la falta de ventas y no en los costos laborales o impositivos. El deterioro del poder adquisitivo explicó parte de esa situación. Los salarios reales de los trabajadores registrados retrocedieron 7,1% desde diciembre de 2023. En paralelo, el mercado laboral registró una fuerte reducción. En ese período desaparecieron 21.938 empresas y unos 290.600 empleos registrados, según datos de la consultora Vectorial.
Las expectativas empresarias también reflejaron ese contexto. El 21,7% de los industriales anticipó una baja en la producción para el próximo trimestre, mientras el 60,7% estimó que no habría cambios. Apenas una minoría proyectó una mejora.
El nivel de pedidos reforzó ese diagnóstico. El 52,4% de las empresas informó que su cartera de pedidos se ubicó por debajo de los niveles normales, lo que marcó un escenario de baja actividad.
El impacto de la crisis industrial apareció con claridad en el sector del neumático. El cierre de Fate implicó la pérdida de 920 puestos de trabajo. La rama acumuló 3.418 empleos menos en paralelo a un aumento del 34,2% en las importaciones de productos similares, según la consultora PxQ. El Indec informó que la producción de ese rubro cayó 57,3% interanual en diciembre, «como consecuencia principalmente de menores despachos al mercado local como así también a plazas externas. Asimismo, se registra una mayor competencia de productos importados».
Desde Vectorial evaluaron el proceso en términos estructurales. Señalaron: «El cierre de FATE no es una anomalía, sino una señal. Expresa con crudeza la conflictiva, y en muchos aspectos antagónica, relación entre el modelo económico vigente y la industria manufacturera. Más que un episodio puntual, se trata de un síntoma de un proceso de desindustrialización en marcha, cuyas consecuencias productivas, laborales y territoriales comienzan a delinear con mayor nitidez el perfil estructural de la economía que se está construyendo».
La debilidad del consumo también apareció como el principal problema en el comercio. En la encuesta del Indec entre supermercados y autoservicios, el 52,5% de los empresarios señaló a la demanda como el principal límite para aumentar la actividad. El costo laboral quedó en segundo lugar con el 25%, mientras el costo financiero ocupó el tercer puesto.
Las expectativas comerciales resultaron levemente menos negativas que en la industria. El 71,3% de los supermercados estimó que la actividad permanecería sin cambios y el 8,8% proyectó una caída. Solo el 20% anticipó un repunte.
Las ventas del sector reflejaron ese escenario. Los supermercados registraron una caída real del 11,9% entre fines de 2023 y noviembre de 2025, según datos oficiales. El resultado confirmó que la debilidad del consumo se consolidó como el principal condicionante para la economía.
