A esta altura tenemos que preguntarnos si no será que los abogados, que viven de los pleitos, no habrán sido algo que la sociedad debe revisar.
Por Miguel Angel De Renzis
El abogado Raúl Ricardo Alfonsín Foulkes se fue seis meses antes después de haber afirmado que no iba a renunciar.
Durante su gestión pasaron cuatro ministros de Economía: Bernardo Grinspun, Juan Vital Sourrouille, Juan Carlos Pugliese y Jesús Rodríguez.
Le quitó varios ceros a la moneda, prometió el traslado de la Capital que nunca hizo, y dejó un país agotado con la economía quebrada.
Lo sucedió el abogado Carlos Saúl Menem, el que animó a confesar que si hubiera dicho lo que iba a hacer, no lo votaban.
Tuvo cinco ministros de Economía: Miguel Roig, Néstor Rapanelli, Herman Gonzalez, Domingo Felipe Cavallo y Roque Fernández.
Ganó tres elecciones consecutivas y estuvo diez años y seis meses.
Dejó en el Banco Central 36.000 millones de dólares, después de vender las joyas de la abuela.
A éste lo sucedió el abogado Fernando De la Rua. En dos años se comió los 36.000 millones más 200.000 millones de dólares del blindaje y el megacanje.
Se fue con más de 60 muertos. Tuvo tres ministros de Economía: José Luis Machinea (denunciado en la Causa Olmos como uno de los principales causantes del endeudamiento argentino), Ricardo López Murphy que duró quince días, y Domingo Felipe Cavallo.
Nos dejaron en la crisis del 2001.
Después de Ramón Puerta y del abogado Adolfo Rodríguez Saa (el único que se animó a decir que había que investigar la deuda externa), apareció el abogado Eduardo Alberto Duhalde, con dos ministros de Economía: Jorge Remes Lenicov y Roberto Lavagna.
Enderezaron el desastre de De la Rua, pero la muerte de Kosteki y Santillán aceleró su salida.
Llegó el abogado Néstor Carlos Kirchner, que tuvo tres ministros de Economía: Roberto Lavagna, la procesada Felisa Miceli y Miguel Peirano. Efectuaron la negociación de deuda externa sin investigarla y aceptaron los reclamos de los tenedores de los papeles del endeudamiento. Kirchner controló la inflación y acumuló 50.000 millones de dólares en el Banco Central.
Lo sucedió su esposa, la supuesta “exitosa abogada”.
Cristina tuvo cinco ministros de Economía: Martín Lousteau, Carlos Fernández, el procesado Amado Boudou, el “me quiero ir” Hernán Lorenzino y Axel Kicillof.
Deja el Banco Central sin reservas, 100.000 millones de dólares más de deuda externa y una creciente deuda interna, el país sin crecimiento en cuatro años, una de la más alta inflaciones del mundo, un presupuesto con déficit fiscal y varios tipos de cambio.
Por supuesto, todos habrán hecho algo bueno, pero A lo mejor porque la Justicia usa una venda. A lo mejor porque la profesión los lleva a una lucha y pelea constante, pero lo cierto es que Alfonsín, Menem, De la Rua, Rodríguez Saa, Duhalde, Kirchner y Cristina han sido abogados.
La profesión no tiene la culpa, pero así como en las dictaduras el cargo que le seguía al de teniente general era el de presidente, en la política pareciera ser que el cargo que le sigue al de abogado es presidente.
El próximo presidente es ingeniero. Quizás sirva el dato que los últimos presidentes de China son ingenieros. Y una de las cosas que deberá hacer su padre, Franco, que fue el que conectó a Cristina con los chinos, será conseguir la ampliación del contrato de los swaps de moneda con China.
También se dice que la Banca Morgan ofreció 5000 millones de dólares de crédito directo y otros 10.000 millones de grupos que ellos manejan.
Es decir, Macri deberá arreglar con los holdouts, ampliar con los chinos el crédito por 20.000millones de dólares, conseguir que el campo deposite otros 10.000 millones de dólares, realizar un pacto social con los gremios y emitir sin respaldo nuevos billetes de 200, 500 y 1000 pesos.
Como se ve, hace falta mucho ingenio, pero todo gira en torno a comprar deuda. Sin contar que algún abogado termine acusándolo en un futuro por lo que el nuevo presidente haga.
Recordando que los jueces, que también son abogados, son los únicos diferentes ante la ley, porque ellos no pagan impuestos.
Espero no perder a ninguno de mis amigos abogados, pero decían los griegos: la verdad es la única realidad.
