La candidata de JxC se encuentra en la búsqueda de dos tipos de votantes: Los que apostaron por Larreta en la interna y a quienes decidieron no votar en las PASO o votaron en blanco.
La cuenta regresiva comenzó, restan tan sólo seis días para descifrar si tenemos nuevo o nueva presidente o si habrá una vuelta más. De todos modos son dos los candidatos que continuarán en la carrera y Juntos por el Cambio lo sabe. Bajo el lema de “Terminar con el kirchnerismo”, Patricia Bullrich busca ganar para gobernar la Argentina y para revivir a su coalición opositora. Este fin de semana largo ha decidido poner a Horacio Rodríguez Larreta como su eventual jefe de Gabinete y el de Fernán Quirós como parte de su equipo en salud para sanar las heridas aún abiertas después de una feroz PASO.
La estrategia es lograr atraer a dos grupos de votantes. De un lado, a quienes apostaron por Larreta en la interna y no logran «enamorar». Del otro, a quienes no se acercaron a votar en las PASO o votaron en blanco, ya sea por decepciones hacia la política en general u otro motivo. Tomaron como ley el diferenciarse tanto del extremismo por derecha de Milei como de la gestión actual con sus escándalos de corrupción y mal manejo económico.
Al sumar a las «palomas» de JxC, Bullrich busca aumentar su caudal electoral: volverse digerible para ese 30 por ciento de moderados que alguna vez, cuando dominó la polarización entre el kirchnerismo y la oposición de Cambiemos o de Juntos, fue clave para dirimir elecciones. El partido de los ausentes y los en blanco se llevó un porcentaje similar de votos que los tres principales candidatos si se consideran cuartos en competencia, y no tercios.
El gran desafío para la candidata presidencial es reforzar su oferta de cambio, que le disputa Milei, con la oferta de gobernabilidad, que Milei no le puede disputar, a partir de los triunfos provinciales y ahora, reforzando su eventual equipo de gobierno. Su objetivo es dejar tercero a Sergio Massa y acortar la distancia con Milei para evitar que gane en la primera vuelta.
Ahora solo resta los cierres de campaña seguido de la veda y la interminable espera hasta saber los resultados del domingo. La ex Ministra de Seguridad tendrá varios actos para culminar la campaña. Luego de su cierre en la Ciudad de Buenos Aires en Barrancas de Belgrano, y de otro en La Plata junto al intendente, Julio Garro, Bullrich recorrerá San Juan, San Luis, Santa Fe y Córdoba. El miércoles se mostrará en La Matanza junto a su candidato a gobernador y Lalo Creus, su aspirante a intendente de ese municiopio. Bajará la persiana con un evento el jueves con un acto en Lomas de Zamora, seguido de un discurso en el Microestadio de Lanús junto a Néstor Grindetti.

El nivel de incertidumbre dentro de la política y la sociedad crece como pocas veces se ha visto en un proceso electoral en los últimos cuarenta años. Se nota en la calle y en los intercambios del día a día: las transacciones de la vida cotidiana están en un limbo.
Sobre Milei parece haber menos dudas: la sorpresa de su triunfo en las PASO lo muestra como seguro competidor en el ballottage, por lo menos. Si algún riesgo corre el líder libertario es la de perder credibilidad en cuanto a su guerra contra la casta. El pacto con Barrionuevo generó varios interrogantes alrededor de algunas de sus consignas cuando la elección todavía estaba lejos.
En este contexto, el bullrichismo sobrelleva los días que faltan para las elecciones analizando datos y haciendo cálculos. Si el próximo domingo el oficialismos no triunfa, algo que viene sucediendo en la región de América Latina, Massa debería quedar tercero. Pero nada garantiza que realmente suceda esto y la posibilidad de que Massa deje tercera a Bullrich es un resultado que mantiene desvelados a la coalición opositora.
Asimismo, los resultados anteriores pesan para Bullrich: las PASO de 2015, y también la de 2019, a pesar de la derrota en primera vuelta ante el kirchnerismo. Ese espejo retrovisor también habilita cálculos. En ambos casos, Cambiemos salió segundo en las PASO, lejos, detrás del kirchnerismo. Pero en ambos casos los resultados mejoraron en la elección general. En 2019 logró recuperar ocho puntos aunque no le alcanzó para llegar al ballottage. En 2015 descontó seis de los ocho puntos que le había sacado el Frente para la Victoria con Scioli en las PASO, que creció menos de un punto. Finalmente, en la segunda vuelta, Cambiemos obtuvo el triunfo.
Sin embargo, son muchas las diferencias entre este escenario electoral y el de esos años: En ese entonces había una importante polarización que reducía las opciones para los votantes ya en la primera vuelta. Ahora, en cambio, también está Milei: el voto se dispersa en tres destinos. Por otro lado, un fuerte liderazgo representado por Macri que este año no logró dónde mostrarse tan claramente.
