Mientras el Gobierno festejaba la falta de sobresaltos en el mercado financiero, las consultoras alertaban sobre un efecto directo en el costo de vida. Analytica estimó una inflación superior al 5% para abril y mayo.
El gobierno celebró el fin del cepo cambiario con una foto de victoria y un «Viva la libertad, carajo» desde las redes del propio presidente Javier Milei. En la Casa Rosada hablaron de una “final ganada” y resaltaron que no hubo sobresaltos en el mercado. La divisa cerró en $1230 sin intervención del Banco Central y se repitió el mantra oficial: superávit, orden fiscal y emisión cero como garantías de estabilidad. Sin embargo, fuera del microclima de Balcarce 50, el impacto sobre los precios ya se sintió antes del anuncio y amenaza con agudizarse en las próximas semanas.
La devaluación que acompañó la salida del cepo fue presentada como un “Día D”, con respaldo explícito de Estados Unidos y el beneplácito de empresarios, economistas y exfuncionarios de distintos gobiernos. Luis Caputo y Santiago Bausili, los arquitectos del nuevo esquema, buscan despegarse de errores del pasado. “Esta vez será diferente”, repiten. Pero en supermercados, almacenes y corralones, la película suena conocida.
Desde fines de marzo, con los rumores del cambio de régimen en alza, se aceleraron las remarcaciones. La Confederación General Almacenera detectó subas de más del 10% en productos clave como café, aceite y harina. “El consumo no da para más. Las personas ya no pueden seguir absorbiendo aumentos”, advirtió Fernando Savore, su vicepresidente. La lista se amplía con lácteos, gaseosas, fideos y electrodomésticos, donde los proveedores suspendieron ventas o actualizaron precios con incrementos de entre 8% y 20%.
Mientras el Gobierno festejaba la falta de sobresaltos en el mercado financiero, las consultoras alertaban sobre un efecto directo en el costo de vida. Analytica estimó una inflación superior al 5% para abril y mayo. Orlando Ferreres proyectó el mismo número para este mes y alertó que el salario real podría seguir cayendo, con un impacto directo en la pobreza.
Los números de marzo ya eran preocupantes: el consumo masivo se contrajo un 7,5% interanual, según Focus Market. La Canasta Básica Alimentaria subió 11,66% en un solo mes, y una familia tipo necesitó casi 50 mil pesos más que en febrero para no caer en la indigencia. Con la devaluación consolidada, esa tendencia podría agravarse.
En la Casa Rosada repiten que “sin pesos en la calle no hay presión cambiaria” y aseguran que la inflación no será descontrolada. Dicen que “el que podía comprar dólares ya lo hizo” y marcan que el tipo de cambio flotante se moverá en una banda de $1000 a $1400. Pero la historia argentina pesa. Ya se sumaron 13 ceros a la moneda en menos de dos décadas, y los empresarios más grandes recuerdan cómo aprovecharon “veranitos” para girar utilidades al exterior antes de cada volantazo político.
Milei ya anticipó el regreso de retenciones a partir de junio. “Avísenle al campo que si tiene que liquidar, liquide ahora”, dijo. El giro pragmático del discurso oficial convive con una tensión creciente en los precios. A diferencia de lo que ocurrió en la macro, en la micro la estabilidad aún no llegó. La batalla, como admiten incluso los economistas más cercanos al oficialismo, será ahora en las góndolas.
