El sindicalismo peronista consiguió un resultado que no esperaba en el cierre de listas: aseguró cuatro lugares “entrables” en la nómina de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires y quedó en condiciones de sostener las diez bancas que ocupa en la Cámara Baja.
El sindicalismo peronista consiguió un resultado que no esperaba en el cierre de listas: aseguró cuatro lugares “entrables” en la nómina de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires y quedó en condiciones de sostener las diez bancas que ocupa en la Cámara Baja.
La sorpresa se dio en territorio bonaerense, donde originalmente se calculaban tres lugares para dirigentes de extracción gremial. Sin embargo, la negociación final derivó en un lugar adicional que modificó el escenario y llevó alivio a la conducción de la CGT, preocupada por la posibilidad de perder representación frente al avance de candidatos afines al Gobierno.
Hoy existen diez diputados sindicales en funciones. Cinco de ellos tienen mandato hasta 2027: Mario Manrique (SMATA), Carlos Cisneros (Bancarios), Pablo Ansaloni (Rurales), Jorge Ávila (Petroleros) y José Gómez (Luz y Fuerza). Los otros cinco debían renovar su banca en octubre. Sergio Palazzo, Vanesa Siley y Hugo Yasky se ubicaron entre los primeros quince lugares de la lista de Fuerza Patria en Buenos Aires, lo que les otorga altas chances de reelección.
El cuarto lugar sindical en la nómina fue para Hugo Antonio Moyano, hijo del líder camionero, abogado laboralista y funcionario de la Federación de Camioneros. Su incorporación fue promovida por Axel Kicillof en acuerdo con la CGT.
A ellos se sumó Pablo Carro, exsecretario general de la CTA Córdoba y actual diputado nacional, que encabeza la lista de Fuerza Patria en esa provincia y buscará renovar su mandato. De confirmarse todos esos ingresos, el sindicalismo mantendrá las diez bancas que ocupa en la Cámara de Diputados.
La lista bonaerense quedó conformada con Siley en el cuarto puesto, Palazzo en el quinto, Moyano en el noveno y Yasky en el decimotercer lugar. Ninguno de los candidatos sindicales llegó por el cupo de Sergio Massa, que no impulsó nombres de ese sector, mientras que Cristina Kirchner y Axel Kicillof aportaron dos cada uno.
Los dirigentes elegidos cumplen un papel clave. Siley es parte del Consejo de la Magistratura y referente de los judiciales; Palazzo preside la Asociación Bancaria y ocupó la vicepresidencia de la Comisión de Legislación del Trabajo; Yasky representa a un sector de la CTA; y Moyano hijo se especializa en derecho laboral y actúa como abogado de la CGT.
El sindicalismo complementó este acuerdo con otra jugada electoral. Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría y líder de Unión Federal, llevará en su lista a José Ibarra, titular de la Federación de Conductores de Taxis y referente de las 62 Organizaciones. Ese espacio también sumó a otros dirigentes gremiales como Ángel García (seguridad), Fabián García (cementerios), Marcelo Dávila (guincheros) y Marcela Ludueña (químicos).
Pese a este resultado, la representación gremial en Diputados sigue lejos de sus momentos de mayor influencia. Entre 1973 y 1976, los sindicalistas ocuparon 39 bancas. Esa cifra descendió con los años: fueron 23 entre 1983 y 1993, 17 entre 1993 y 2003, 13 entre 2003 y 2011, 12 entre 2011 y 2019, y 10 desde 2019 hasta hoy.
En el Senado, en tanto, la presencia sindical es aún menor. De los 72 senadores, sólo uno proviene de las filas gremiales: Gerardo Montenegro, titular de UPCN en Santiago del Estero.
Con este escenario, la CGT logró un objetivo central: no perder bancas y garantizar un bloque que le permita resistir eventuales reformas laborales que impulse el Gobierno en el próximo Congreso.
