La organización que liderada Máximo Kirchner ya no tiene reparos en mostrar su fastidio con el Presidente y lo vacía de poder.
Las funcionarias de La Cámpora que integran el Gabinete abandonaron en las últimas semanas el grupo de WhatsApp «mujeres gobernando» que contiene a casi todas las ministras, secretarias de Estado y directoras.
La fuga en masa fue confiada a este diario por algunas de las participantes del grupo que responden a Alberto Fernández, y coincidió con la confección de un documento de apoyo de ese colectivo de mujeres a Cristina Kirchner, condenada por el TOF2.
La salida del chat (se fueron Luana Volnovich y Fernanda Raverta y otras) representaría en otro momento un dato anecdótico si no fuera por la decisión de la agrupación fundada y liderada por Máximo Kirchner de tomar distancia definitiva de la gestión del Presidente.
Por ahora, ni Volnovich tiene previsto dejar el PAMI ni Raverta la ANSES, ni tampoco el resto de las oficinas pública donde tiene fuerte presencia la organización, como YPF o la AFIP.
El kirchnerismo definió tomar su propio camino, incierto de cara al futuro, en parte, por el anuncio de la ex Presidenta de correrse de cualquier postulación electoral en el 2023. La relación entre la agrupación K y la Casa Rosada quedó definitivamente rota.
El miércoles, «la orga» le vació el acto de balance de los tres años de gobierno. Eduardo de Pedro estaba en su despacho, a metros del evento, y ni siquiera se molestó en ir. Junto a Sergio Massa, que llegó tarde, fueron los únicos dos ministros ausentes. El jefe del Palacio de Hacienda y la familia Kirchner trabajan en tándem desde el desembarco del tigrense en el Gobierno.
Esa noche, la organización dio una segunda muestra de su rechazo a Fernández: publicó en sus redes un tuit enigmático y algo confuso con un fragmento del discurso del Presidente de ese día en el que resaltó que, a pesar de la firma del acuerdo con el Fondo Monetario, la gestión superaría expectativas.
Para despejar dudas, veinticuatro horas después, La Cámpora cortó con el acertijo: colgó en su cuenta de Twitter un par de minutos del acto de Néstor Kirchner en el que el ex presidente anunció la cancelación de la deuda con el FMI, acompañado con la frase «cuando realmente se resolvió el problema del Fondo Monetario Internacional en la Argentina». Ya no había dudas.
Un rato antes, la diputada Paula Penacca, muy cercana al ex jefe del bloque oficialista en la Cámara Baja, contestó furiosa a una publicación del diario La Nación que había recopilado frases off the récord del entorno del jefe de Estado con serias críticas a la decisión de la organización por no asistir al acto del miércoles.
La Cámpora no tiene hace rato ninguna motivación para recomponer con la Casa Rosada; tampoco para disimular la ira que les provoca la figura de Fernández, un presidente deslucido y encerrado en su entorno que todavía tiene intenciones de resistir, asesorado en solitario solo por un puñado de colaboradores.
La pregunta que, sin embargo, circula puertas adentro de la agrupación es cuál es la estrategia. Con qué objetivo. El panorama de cara a 2023 se presenta, en ese sentido, en forma de encrucijada, incluida la provincia de Buenos Aires.
El factor Axel Kicillof, que quiere la reelección, es por momentos incómodo para la organización kirchnerista. Asoma, en ese plano, Martín Insaurralde. Este viernes, el jefe de Gabinete bonaerense, Máximo Kirchner (socio en ese territorio del funcionario provincial) y de Pedro cerraron el año en Lomas de Zamora, con dos mil militantes y un buen puñado de dirigentes e intendentes. No estuvo el gobernador.
