El vínculo político que los unía venía en caída desde hace tiempo, pero la decisión del gobernador vendió un quiebre sin retorno y dejó al peronismo bonaerense frente a una interna feroz.
Axel Kicillof pateó el tablero y decidió adelantar las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Su jugada confirmó lo que muchos ya anticipaban: la ruptura definitiva con Cristina Fernández de Kirchner. El vínculo político que los unía venía en caída desde hace tiempo, pero la decisión del gobernador vendió un quiebre sin retorno y dejó al peronismo bonaerense frente a una interna feroz.
El anuncio oficial llegó después de una reunión fallida en La Plata. Participaron Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y otros dirigentes del PJ bonaerense. Estuvieron más de siete horas sin lograr acuerdos. La falta de consensos sobre el calendario electoral y el intento de imponer elecciones concurrentes acelerarán los tiempos. El gobernador se retiró con la decisión tomada y al día siguiente lo confirmará en conferencia de prensa: las elecciones se harán el 7 de septiembre. Argumentó que votar el mismo día con dos sistemas diferentes «sería un caos».
La respuesta de La Cámpora no tardó. Tildaron a Kicillof de «suicida» y lo acusaron de provocar «el desmembramiento de un proyecto nacional». Desde la organización de Máximo Kirchner afirmaron que el gobernador actuó por fuera de los consensos: «Estamos sorprendidos porque el domingo quedamos en otra cosa, nunca avisó lo de hoy. No entendemos por qué Axel cambió».
La decisión de desdoblar no fue improvisada. Kicillof venía preparando su salida del esquema kirchnerista desde hace meses. En febrero lanzó el Movimiento Derecho al Futuro, una agrupación con respaldo de intendentes, legisladores y sindicatos bonaerenses. Desde ese espacio planteó una construcción política nueva, separada de la lógica vertical de Cristina y La Cámpora.
La tensión entre ambos se arrastraba desde 2021, cuando la expresidenta le impuso cambios en el gabinete provincial tras una derrota en las PASO. Kicillof resistió hasta que Martín Insaurralde desembarcó como jefe de Gabinete, desplazando a su mano derecha, Carlos Bianco. El gobernador aceptó las órdenes, pero tomó nota del costo.
En 2023, la pelea por el cierre de listas volvió a enfrentarlos. El gobernador defendió la continuidad de Verónica Magario como vice y frenó el intento de La Cámpora de ocupar ese lugar. Reforzó su alianza con La Matanza y se apoyó en el poder territorial de Fernando Espinoza. Esa misma línea hoy plantea resistencia a una eventual candidatura de Cristina en la Tercera sección electoral.
Durante la última cumbre, Máximo Kirchner le confirmó al gobernador que la expresidenta será candidata a diputada provincial. Esa movida complicó aún más la relación. En el equipo de Kicillof algunos ya evalúan la necesidad de enfrentarla con un nombre propio. Jorge Ferraresi suena como posible rival. También circula la opción de que Magario encabece una boleta alternativa.
Un intendente alineado al gobernador lo explicó con claridad: «Es correcto que Axel plantee la unidad, no va a salir a romper en el primer discurso, pero hoy está claro que vamos camino a que haya dos frentes separados. ¿Cómo vamos a hacer algo distinto a Cristina teniendo a Cristina como candidata?». Otro jefe comunal, más crudo, admitió que “sabemos que es probable ir hacia una derrota, pero a Cristina tampoco le resultará fácil”.
En el universo kirchnerista, el malestar escala. Acusan a Kicillof de dividir al peronismo y lo señalan como funcional al gobierno nacional. «Un gobernador peronista que en vez de ampliar dividió y partió el peronismo. Un suicida», sentenciaron desde La Cámpora. También lo responsabilizan de haber dejado sin sentido la estrategia común frente a Javier Milei. “Consideramos que hay que votar una sola vez, de manera unificada, para fortalecer a la fuerza política y derrotar a Milei, pero él no quiere enfrentar a Milei, prefiere romper con Cristina”.
El conflicto ya desbordó el plano electoral. La pelea de fondo es por el liderazgo del peronismo. Kicillof quiere encabezar un nuevo ciclo poskirchnerista y Cristina no está dispuesta a ceder terreno. “Perón, Evita, Néstor y Cristina son los momentos más gloriosos de nuestro país”, dijo el gobernador en septiembre pasado, pero enseguida marcó su intención de cambio: “Hay que darle un carácter de época nueva”.
El adelanto de elecciones no solo pone fecha a una disputa interna. También funciona como una demostración de poder. Kicillof ya no consulta ni espera señales. Avanzó por su cuenta y forzó al resto del peronismo a elegir un bando. La tensión se trasladó a los territorios. Intendentes que hasta ahora evitaban pronunciarse ya empezaron a hablar de “emancipación”. Varios anticiparon que encabezarán sus propias listas para defender sus municipios. Mientras tanto, en el Senado nacional se debate la Ley de Ficha Limpia. De aprobarse, Cristina no podrá competir como diputada nacional, pero sí en el ámbito provincial. Para algunos, esa posibilidad fue otro motivo más para que baje al barro bonaerense.
Kicillof dejó de ser un delegado de Cristina. El silencio, esta vez, parece definitivo. Y la pelea recién empieza.
