El Gobernador comienza a afianzar centrales del MDF a nivel nacional con la mirada puesta en su candidatura presidencial, pero no pierde de vista la idea de desdoblar la elección provincial para mantener el gobierno bonaerense y responder a la presión de los intendentes.
Es sabido que el denominado ‘kicillofismo’ no es un proyecto político que sea encabezado ideológica y políticamente por el Gobernador desde arriba hacia abajo. Es, más bien, un movimiento de intendentes ‘anti -La Cámpora’ utilizando la figura del mandatario para promover sus intereses.
Si bien Kicillof resulta altamente beneficiado por esto, a tal punto que es el principal candidato a Presidente que tiene el peronismo para el 2027, en el tire y afloje siempre estos intendentes van a tener la palabra final.
En ese sentido, los jefes comunales observan -por encuestas que les alcanzan- que en casi todos sus distritos hay un peligro real de perder en 2027 ante el derrame de lo que genera la figura de Javier Milei.
Si bien falta una eternidad en tiempos políticos, los jefes comunales comenzaron a presionar al Gobernador para que, como exitosamente -para ellos- hizo en 2025, desdoble la elección bonaerense.
Esto perjudicaría notoriamente a Kicillof como candidato presidencial, pues es sabido que -en menor o mayor medida- los intendentes y gobernadores reducen sus esfuerzos en elecciones en las que no se pone en juego su rancho.
En ese sentido, la idea que surgió en el MDF es trabajar con tiempo una campaña ajena a la discusión presidencial y que Kicillof pueda dejar en la provincia un nuevo gobernador que surja de las filas del peronismo. Luego, una vez asegurada la provincia, el gobernador transitará su camino a la Casa Rosada.
La lectura es que la elección de septiembre dejó en claro que la provincia de Buenos Aires puede llevar adelante una elección separada de los comicios nacionales, algo que no había existido en la historia reciente de la provincia.
El triunfo -con una diferencia de 13 puntos respecto de los libertarios- fue quizás el nacimiento de un nuevo esquema electoral en la provincia donde los intendentes pasan a ser soportes imprescindibles de la elección.

Y PREPARAR SU PROYECTO NACIONAL.
Con esta separación discursiva provincia-nación bien clara, el Gobernador prepara paralelamente -desde hace un tiempito- una serie de bases para plantearse como candidato presidencial, con el nada inocente conocimiento de que es el mejor parado para esta misión del peronismo en 2027.
En ese sentido, a través de un puñado de dirigentes de su círculo más cercano, el gobernador bonaerense empezó a construir en los últimos tres meses pequeñas centrales del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en algunas provincias del país, con el fin de darle volumen a su armado político y expandir la iniciativa electoral que lo tiene como actor principal.
En esa estructura laboral que articula, desde la provincia de Buenos Aires hacia el interior del país, están los ministros bonaerenses Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Cristina Álvarez Rodríguez y Andrés “Cuervo” Larroque; los intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Fernando Espinoza (La Matanza); y el ex jefe comunal de Florencio Varela e histórico dirigente del peronismo provincial, Julio Pereyra.
Uno de los grandes desafíos que se puso Kicillof es desembarcar en las cuatro provincias del centro del país: Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Son muy importantes en términos electorales, ya que concentran el 24% del padrón electoral. Sumado a la provincia de Buenos Aires, que tiene el 37%, en total aglutinan más de la mitad de los electores del país.
En La Plata apuestan a que Kicillof “puede hablarle a los ciudadanos de cada provincia sobre lo que les interesa”, y de esa forma “romper barreras y mitos”, respecto al posicionamiento del peronismo bonaerense sobre las matrices productivas del interior.
No hay, por ahora, rosca política que cruce los encuentros telefónicos que mantiene el Gobernador con los mandatarios de Santa Fe y Córdoba, pero los tiene en cuenta por su postura frente al Gobierno de Milei y cierta afinidad anti-cristinista. A esos se suma Nacho Torres, de Chubut.
Kicillof también tiene conversaciones abiertas con los gobernadores Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca), dos peronistas que han funcionado como aliados estratégicos de Milei en los dos primeros años de su mandato.

Y, ADEMÁS, RESOLVER SUS DISPUTAS CON LA CÁMPORA.
En paralelo, el mandatario provincial debe resolver algunas tensiones con La Cámpora que aún están vigentes.
Después de acordar la renovación de autoridades del PJ Bonaerense, el próximo escollo en el camino es llegar a un acuerdo por tres lugares del Senado bonaerense: la vicepresidencia primera, la secretaría administrativa del cuerpo y la presidencia del bloque peronista.
El lugar que en La Plata no están dispuestos a ceder es la vicepresidencia primera, espacio que quieren que ocupe la bahiense Ayelén Durand.
En los hechos, es la sucesión directa de Verónica Magario que, al mismo tiempo, es quien debe suceder a Kicillof en caso de licencia. En el kicillofismo quieren toda la línea sucesoria ordenada y alineada a la conducción del Gobernador. Esa es una discusión latente con el sector de CFK.
La relación entre Kicillof y el cristinismo siguen igual de mal que siempre. Hay una tensión permanente en el vínculo político. Con Cristina y Máximo Kirchner no se habla. Con el paso de los meses, cada uno de esos actores tendrán que decidir en qué lugar jugar dentro de la partida electoral.
A partir de ese momento empezará a quedar más claro si existe la posibilidad de un proyecto en unidad o si en el futuro los espera un divorcio traumático.
