El concejal del oficialismo dialogó con LaNoticiaWeb y analizó el fenómeno del massismo en la Provincia. “Los intendentes del Frente Renovador han construido un dique para frenar el proyecto reeleccionista del kirchnerismo”, señaló. Además, opinó sobre la elección local y destacó el acompañamiento a la gestión municipal.
Jorge Álvarez, actual concejal del oficialismo possista y candidato a renovar su banca con la lista colectora del Frente Renovador, conversó con LaNoticiaWeb y analizó el escenario electoral en el distrito. “Es la primera elección en San Isidro desde el año ´99 que hay una boleta de orden nacional que supera el 50 por ciento del voto”, indicó.
¿Cuál cree que fue el mensaje en las urnas a nivel local?
En primer lugar creo que hubo un claro mensaje de la sociedad de San Isidro, de rechazo a lo que el gobierno nacional ha expresado como distintas políticas públicas en los últimos años. En este sentido el mensaje del voto local ha sido contundente. Es un voto que se dispersó en distintas ofertas que representan opciones opositoras al gobierno nacional, y de todo ese mosaico tuvimos este resultado electoral que además permitió también el acompañamiento a la gestión local.
Hubo un respaldo considerable a la gestión de Gustavo Posse.
Sí. Y también hay que hacer un análisis significativo de lo que son las otras ofertas electorales. Hay una lista que en San Isidro ha hecho un enorme despliegue de recursos económicos con una presencia monumental de recursos en la calle, que en términos de dinero invertido y votos obtenidos el resultado ha sido muy malo. Por otro lado, hay opciones que han tenido el reconocimiento de los vecinos pero no les alcanza para tener representación en el concejo deliberante. Hubo un reconocimiento importante a la gestión municipal que tuvo más de un tercio del electorado acompañándola, y eso ante tanta dispersión es más que significativo.
La tendencia de las elecciones legislativas en el distrito marca que siempre hay dispersión, en tanto en las nacionales el voto se concentra en torno a la figura de Posse. Sin embargo, desde la oposición señalaron que ésta fue la peor elección del possismo en años.
Tal vez dicen eso porque desconocen elecciones anteriores y hacen un análisis extemporáneo. En general no ha diferido mucho del voto que ha tenido el oficialismo en todas las otras elecciones intermedias. Quiero ir de lo general a lo particular: es la primera elección en San Isidro desde el año ´99 que hay una boleta de orden nacional que supera el 50 por ciento del voto. Desde la Alianza que no había una posición tan clara hacia una boleta por parte del electorado local. Una segunda cuestión es que el gobierno municipal ha tenido en esta conformación de esa oferta electoral una participación activa. El Frente Renovador lo tiene a Gustavo Posse como uno de los protagonistas. La evaluación que hacen algunos es absolutamente malintencionada, porque insisto lo que hay que analizar es la inversión de recursos en relación a los votos obtenidos. Ahí queda claro que el fracaso estrepitoso fue de quienes tienen un despliegue económico tan grande y no encuentran recepción en la ciudadanía.
¿Cómo encaran el último tramo de campaña?
Hay que entender agosto como lo que fue: un momento donde la ciudadanía dejó trascender su voluntad y humor social. Ahora hay que enfocarse en pedir el respaldo a la gestión local, para acompañar todo lo hecho y exigir lo que hay por hacer. En ese sentido, está de más decir que se pide el voto a un buen gobierno.
Saliendo de San Isidro, ¿cómo observó el fenómeno del Frente Renovador en la Provincia?
Tengo la impresión de que lo que planteaban algunos dirigentes como Gustavo Posse y otros que nos identificábamos con la necesidad de utilizar las PASO para que distintas fuerzas de la oposición confluyan para poder catalizar la bronca social, no era equivocada. Al no llevarse a cabo ese entendimiento hubo quienes lo pudieron capitalizar, que son los intendentes que han conformado y constituyen el Frente Renovador, que han construido un dique para frenar el proyecto reeleccionista y de perpetuidad que tenía el gobierno nacional. Claramente esto es una visagra, una etapa intermedia, que inicia otro momento en la política en la provincia de Buenos Aires. No es un dato menor que haya habido de parte de los territorios, de los municipios, un protagonismo. Alumbra una nueva etapa, lo cual no significa que su final esté escrito.
¿Piensa que el denominado ´voto útil´ crecerá en octubre?
Es lo que indican todas las encuestas. La sociedad está buscando tener una herramienta electoral para enviarle un mensaje muy claro al gobierno nacional. Quien mejor lo pueda expresar será el beneficiado de eso, no me cabe ninguna duda.
¿Puede haber un ´voto lástima´ teniendo en cuenta la salud de la Presidenta?
No lo creo. Tenemos que estar todos preocupados por la salud de la Presidenta y estar atentos a qué sucede con un gobierno que aparece confundido; un tipo de gobierno que ha estado muy influenciado por las decisiones muy marcadas por las figuras de Néstor y Cristina, que nunca ha tenido mucho peso en el desarrollo de un equipo, y ahora ante la ausencia de la Presidenta da una sensación ambigua. Además, a todo esto todos los temas no atendidos por el Gobierno en los últimos años aparecen todos juntos: la inflación no reconocida, la falta de inversión a mediano y largo plazo, y sobretodo la posibilidad de construir un futuro más allá de quien gobierne transitoriamente el país. Todos esos temas irresueltos, en este momento con la fragilidad de la salud presidencial y un gobierno a cargo de una persona sospechada de corrupción, cuanto menos nos da la sensación de que vamos a tener que hacernos todos responsables de la etapa que se viene.
Apelando a su pertenencia partidaria, ¿cómo vio la elección del radicalismo en la Provincia?
Tengo la sensación de que el radicalismo bonaerense, en este camino y con este tipo de análisis sobre lo que pasa en la sociedad, tanto de quienes conducen el partido como quienes transitoriamente se autodenominan de oposición, son los responsables de este fracaso que no es electoral sino de orden político. Un fracaso que significa entre otras cosas la imposibilidad de representar a los sectores sociales que históricamente representamos. La Argentina, y la provincia de Buenos Aires mucho menos, no necesitan una discusión sobre quién es más progresista. En ese sentido, este análisis de microclima que hacen algunos, imponiendo límites antes que ideas, me parece que tiene sus consecuencias. Por último, la mayor crítica a esa dirigencia partidaria es que ha hecho de varias generaciones, la mía es una de ellas, un problema irresuelto. Muchos de nosotros para representar a la sociedad somos demasiado jóvenes para ser viejos, pero sin dudas han hecho que muchos jóvenes hoy estén un poco viejos para ser jóvenes, y esa es una responsabilidad de la dirigencia del radicalismo que no le cabe a uno solo, sino por lo menos a quienes condujeron los últimos treinta años. El radicalismo requiere indudablemente de un paradigma en el cual no esté tan preocupado en con quién se junta en una elección, sino para qué quiere ser gobierno.

