GM quería que liderara el mercado de autos más grande; Dietrich la convenció para el cargo.
Ella dijo "no". Mary Barra, CEO mundial de General Motors, tenía para Isela Costantini un nuevo destino: ser la número uno de Chevrolet en China. La posición no era menor: es el mercado más grande del mundo, con casi 12 millones de unidades por año, unas 20 veces el mercado argentino. Sin embargo, ella ya había tomado su decisión.
Guillermo Dietrich, futuro ministro de Transporte del gobierno de Mauricio Macri, la había convocado con argumentos suficientes para finalizar una carrera de casi 18 años en el gigante de Detroit. "Te queremos como presidente y CEO de Aerolíneas Argentinas", le dijo, en un encuentro a puertas cerradas. Las pérdidas de la aerolínea de bandera, de un millón de dólares diarios, y sus casi 12.000 empleados lejos están de asustarla. Su currículum demuestra que Isela, como la llaman en el mercado, no le teme a los desafíos: comenzó su carrera en GM de Brasil en 1998 en el área de Marketing y Ventas, donde desempeñó varias funciones, y en 2002 fue transferida a la planta de pick-ups de Arlington, Texas, como gerente de Planta de Chasis. "Una ciudad difícil, con un puesto complejo para una mujer en un territorio machista", define un ex jefe de Costantini el desafío que le impuso su aterrizaje en esa ciudad estadounidense. Luego regresó a GM Brasil para desempeñarse como gerente de Programas, y tras varias escalas fue designada número uno de Argentina, Uruguay y Paraguay en febrero de 2012. Su aterrizaje la obligó a tomar distancia por dos largos meses de sus dos hijos, a los que visitaba avión mediante. Se convirtió así en la primera mujer al frente de una terminal local, luego fue la primera en presidir el más que simbólico 50° Coloquio de IDEA y logró romper otra máxima convirtiéndose en la número uno en liderar la Asociación de Fabricantes Automotores (Adefa).
El triunfo de Macri en las elecciones aceleró los tiempos. Las oficinas del piso 15° de Avenida del Libertador 101, adonde habitualmente pasa sus días, tomaron otro color. "Quiero echar raíces en la Argentina, mis hijos me enseñaron a ser mejor mujer, mejor madre y mejor negociadora, porque es más difícil negociar con ellos que con Pignanelli (Ricardo, jefe del gremio Smata)", se le escuchó decir en el marco de la elección como CEO del año. Pignanelli, de hecho, la estrechó en un profundo abrazo cuando ella le comunicó que avanzaría con el cambio. "Es una gran constructora de puentes", graficó un dirigente sindical.
Las razones que la llevaron a decir que sí a Aerolíneas fueron varias. La más importante es su familia. Sus dos hijos encontraron en la Argentina su lugar en el mundo. Con 9 y 11 años ya no es tan sencillo armar valijas. Recientemente divorciada, otro factor clave es su pareja, el dirigente de IDEA, Fernando Cinalli. Hasta el 1° de enero, cuando asumirá como número uno de Aerolíneas Argentinas, liderará el Proyecto Fénix: la inversión más importante de GM en el país. La producción de un nuevo modelo global en la fábrica de General Alvear demandará US$ 450 millones, unos 50 millones más que los que se destinaron al complejo industrial, en las afueras de Rosario.
