El gobierno de Irán informó este viernes la reapertura del Estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de crudo. La decisión provocó una reacción inmediata en los mercados: el precio del petróleo registró una caída superior al 10% en pocas horas.
El movimiento fue celebrado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien además aseguró que Teherán avanzó en la remoción de explosivos en la zona. Según indicó, “Irán ha retirado, o está retirando, todas las minas marinas” desplegadas en ese corredor estratégico.
En paralelo, el mandatario norteamericano marcó distancia con la OTAN. Confirmó que rechazó una propuesta de la alianza militar para intervenir en la seguridad del estrecho. En ese marco, lanzó duras críticas y sostuvo: «LES DIJE QUE SE MANTUVIERAN AL MARGEN, A MENOS QUE SOLO QUIERAN CARGAR SUS BARCOS DE PETRÓLEO». También afirmó: «¡Fueron inútiles cuando se les necesitó; un tigre de papel!».
Mientras tanto, el impacto económico se reflejó en las cotizaciones internacionales. El barril de Brent se ubicó en torno a los 86 dólares, mientras que el WTI descendió a poco más de 81 dólares, lo que consolidó la tendencia bajista tras el anuncio iraní.
En Europa, el presidente francés Emmanuel Macron valoró la decisión de Teherán y reclamó una apertura sin restricciones del paso marítimo. En una declaración conjunta con otros líderes del continente, sostuvo: «Todos pedimos una reapertura del estrecho total, inmediata, incondicional, por todas las partes».
Sin embargo, el escenario político y militar mantuvo altos niveles de tensión. En el marco del alto el fuego entre Israel y el Líbano, el grupo Hezbollah lanzó advertencias contra el gobierno de Benjamin Netanyahu. Desde la organización afirmaron que sus combatientes mantienen “el dedo en el gatillo” ante cualquier incumplimiento de la tregua.
La reapertura de Ormuz alivió la presión sobre el mercado energético, pero no despejó la incertidumbre geopolítica, en una región que sigue bajo amenaza de una escalada mayor.