La secretaria general de la Presidencia avanzó en el Congreso y colocó a un dirigente propio al frente de la comisión clave. La jugada tensó la relación con el entorno de Santiago Caputo y expuso una nueva disputa dentro del oficialismo.
La disputa por el control político de los organismos sensibles del Estado sumó un nuevo capítulo en el oficialismo. Karina Milei logró ubicar a un dirigente de su confianza al frente de la comisión bicameral que supervisará la SIDE, un movimiento que impactó de lleno en la estructura de poder que orbita alrededor de Santiago Caputo.
La decisión se concretó en el Congreso, donde el oficialismo ordenó sus votos para garantizar el resultado. El nombramiento dejó en evidencia la influencia directa de la secretaria general sobre los resortes legislativos y, al mismo tiempo, marcó un límite hacia el sector que responde al asesor presidencial.
La bicameral en cuestión tiene un rol estratégico. Se encarga de controlar el funcionamiento de la Secretaría de Inteligencia del Estado, un área que quedó bajo la órbita política de Caputo. Por ese motivo, el movimiento no pasó desapercibido dentro de La Libertad Avanza.
El avance de Karina Milei se interpretó como un gesto de autonomía interna y una señal de acumulación de poder propio. En el oficialismo reconocieron que la decisión generó incomodidad en el círculo más cercano a Caputo, que aspiraba a incidir en la designación.
El dirigente elegido responde de manera directa a la secretaria general. Su llegada a la presidencia de la comisión refuerza la estructura política que Karina Milei construyó desde la Casa Rosada. Ese armado ya mostró capacidad de intervención en áreas clave del Gobierno.
En paralelo, el episodio reflejó una dinámica que se repitió en las últimas semanas. Distintos sectores del oficialismo compitieron por espacios de decisión. La tensión se expresó en el Congreso, pero tuvo origen en la interna del Ejecutivo.
Desde el entorno libertario evitaron escalar el conflicto en público. Sin embargo, puertas adentro admitieron diferencias sobre el manejo de la SIDE y su control parlamentario. La designación en la bicameral funcionó como un mensaje político claro: Karina Milei buscó consolidar su influencia sobre un área sensible del Estado.
El reordenamiento interno continúa abierto. La relación entre los distintos polos de poder dentro del oficialismo sumó un nuevo punto de fricción. En ese contexto, el control de los organismos de inteligencia se transformó en un terreno central de disputa.
