El déficit de cuenta corriente superó los USD 5.000 millones en el primer trimestre y encendió todas las alarmas. El drenaje de divisas, la falta de ingresos genuinos y la deuda creciente desnudaron los límites del ajuste de Milei y el espejismo del superávit fiscal.
La estrategia económica del gobierno de Javier Milei mostró su talón de Aquiles. En el primer trimestre de 2025, la cuenta corriente de la balanza de pagos registró un rojo de USD 5.191 millones, según los datos oficiales del INDEC. La cifra reflejó un deterioro abrupto respecto al mismo período del año pasado, cuando el resultado había sido levemente positivo.
El desbalance no sorprendió a los analistas que desde hace meses advertían sobre la fragilidad del esquema libertario. Las importaciones se dispararon, las exportaciones se estancaron y el déficit por servicios, especialmente por turismo emisivo, alcanzó niveles récord. La combinación dejó al desnudo lo que muchos califican como una “fuga ordenada” de dólares facilitada por el tipo de cambio barato.
El turismo fue el rubro que más presionó las cuentas externas. Entre enero y marzo, el gasto de argentinos en el exterior trepó a USD 3.464 millones. Esto implicó un salto de USD 2.755 millones respecto al mismo período de 2024. El fenómeno se explicó por un aumento en la cantidad de viajes y en el gasto promedio por persona. Al mismo tiempo, el ingreso de turistas extranjeros cayó, lo que agravó el desequilibrio.
El INDEC también registró una caída abrupta del superávit comercial. Las exportaciones totalizaron USD 18.702 millones, pero las importaciones se elevaron hasta los USD 16.642 millones. La diferencia positiva fue de apenas USD 2.060 millones, un recorte de más de USD 3.000 millones en relación con el mismo trimestre del año pasado. El mayor salto importador se observó en bienes de consumo, automóviles y servicios vinculados a logística y transporte.
El saldo negativo no solo impactó en el frente comercial. El deterioro también quedó expuesto en las reservas del Banco Central, que retrocedieron USD 4.653 millones en apenas tres meses. En simultáneo, el endeudamiento neto de la economía se incrementó en USD 5.137 millones y llevó el stock de deuda externa a USD 278.073 millones.
Mientras tanto, la acumulación de reservas genuinas sigue en pausa. Los dólares que ingresaron provinieron en su mayoría de préstamos bilaterales y operaciones de repo. Lejos de engrosar las arcas del Banco Central, estas divisas son compromisos financieros de corto plazo. Como definió un operador de la City: “son reservas alquiladas”.
En paralelo, el Gobierno lanzó una emisión de deuda por USD 7.000 millones. La medida busca reforzar los números frente al Fondo Monetario Internacional, que mantiene como meta para diciembre un piso de USD 1.800 millones en reservas netas. Hoy, ese objetivo aparece más lejano que nunca. El rojo, según los criterios del propio FMI, supera los USD 7.000 millones.
El exdirector del Hemisferio Occidental del Fondo, Alejandro Werner, calculó que la Argentina deberá afrontar vencimientos por USD 32.400 millones entre 2025 y 2027. En ese contexto, el margen de maniobra para sortear la crisis se achica. Los ingresos por exportaciones no alcanzan y la sostenibilidad del esquema actual empieza a desmoronarse.
Los desequilibrios ya son evidentes. En mayo, el superávit comercial fue de apenas USD 608 millones, una baja del 77% interanual. Las ventas al exterior cayeron 7,4%, mientras que las importaciones subieron 29,4%. A su vez, el turismo receptivo se desplomó y el déficit por viajes volvió a ampliarse. También aumentó el costo de fletes y seguros.
La cuenta corriente no solo cerró el primer trimestre en rojo. Todo indica que la tendencia continuó en el segundo trimestre. En abril, el balance cambiario del Banco Central registró su undécimo mes consecutivo con déficit, que ese mes fue de USD 636 millones. El modelo económico, que el oficialismo presentó como una revolución, empieza a exhibir su reverso: un país sin dólares, con deuda creciente y una economía que solo funciona para unos pocos.
