Las consultoras y bancos ajustaron sus estimaciones tras el último relevamiento del Banco Central. Esperaron más presión sobre los precios y una desaceleración más lenta que la prevista por el Gobierno.
El último informe del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central expuso un cambio de tendencia en las proyecciones privadas. Las consultoras y entidades financieras elevaron sus previsiones de inflación y marcaron un escenario más complejo para los próximos meses, con registros que superaron lo esperado semanas atrás.
Para marzo, el conjunto de analistas ubicó el índice de precios al consumidor en torno al 3%. Sin embargo, el grupo de las diez consultoras con mejor desempeño en estimaciones anteriores proyectó un 3,1%. Ese número implicó una suba de medio punto respecto del cálculo previo y consolidó una racha sin mejoras en el proceso de desaceleración.
Si ese dato se confirmó en la medición oficial, marcó el décimo mes consecutivo sin baja en el ritmo inflacionario. El quiebre de tendencia se ubicó en mayo de 2025, cuando el fin de la estabilidad cambiaria impulsó una suba del dólar en plena previa electoral.
Las previsiones para abril también mostraron un ajuste. El núcleo más preciso de consultoras estimó un 2,7%, mientras que el promedio general se ubicó apenas por debajo. La cifra quedó por encima de lo que se esperaba un mes atrás y reflejó una desaceleración más lenta de lo proyectado inicialmente.
El propio presidente, Javier Milei, reconoció ese escenario. Señaló que aún restaban correcciones en tarifas, un factor que impactó de forma directa en los precios. En paralelo, el gasto en subsidios energéticos mostró un fuerte incremento real durante el primer trimestre.
Ese comportamiento resultó llamativo. Mientras el Estado incrementó la asistencia, el rubro vinculado a vivienda, servicios públicos y combustibles registró subas por encima del promedio general. El capítulo empujó con fuerza al índice general y sumó presión sobre la inflación mensual.
Las proyecciones hacia adelante mantuvieron esa lógica. Para mayo, el grupo más preciso estimó un 2,5%. Para junio y julio, un 2,3%. Recién en agosto y septiembre el mercado ubicó el número en torno al 2%. Ese sendero se alejó del objetivo oficial de perforar ese nivel y alcanzar cifras cercanas a cero hacia el segundo semestre.
En el cierre del año, el REM reflejó un deterioro más marcado. Las diez consultoras con mejor historial proyectaron una inflación interanual del 31,8%. El conjunto total de participantes la ubicó en 29,1%. Ambas cifras quedaron muy por encima de la pauta del 10,1% incluida en el Presupuesto 2026.
El ajuste en las expectativas resultó significativo. A fines del año pasado, el mercado proyectó un índice cercano al 22,5% para este año. En pocos meses, la previsión subió más de nueve puntos y dejó en evidencia un cambio en la percepción sobre la dinámica inflacionaria.
Con este escenario, las estimaciones privadas anticiparon un dato contundente: la inflación no mostró una desaceleración sostenida y el objetivo oficial quedó lejos de cumplirse en el corto plazo.
