Los Zetas se atribuyeron la matanza; dejaron los cadáveres en una ruta del estado de Nuevo León.
Los carteles mexicanos del Golfo y de Los Zetas están enfrascados en una siniestra competencia por ver qué banda criminal firma la matanza más numerosa y macabra.
Después de la aparición, la semana pasada, de 18 cadáveres descuartizados en una ruta cerca de la ciudad de Guadalajara, los cuerpos desmembrados de 49 personas fueron descubiertos abandonados ayer sobre otra vía en el municipio de Cadereyta, en el norteño estado de Nuevo León.
Las autoridades confirmaron que los restos encontrados por el ejército en la cuneta de la ruta a Reynosa no tenían ni cabeza, ni pies, ni manos, presuntamente, para dificultar su identificación. La mayoría de los cadáveres tienen tatuajes y algunos de ellos representan a la Santa Muerte, un culto muy extendido entre la delincuencia común y el crimen organizado en México.
El secretario de Seguridad Pública de Nuevo León, Javier del Real, se mostró convencido de que "ésta es una medida tomada por la delincuencia organizada, de carácter mediático, que tiene por objeto llamar la atención de la población [...] y sobre todo del grupo contrario al que se dirige, al que lanzan la amenaza. Y, por lo visto, lo lograron".
El vocero de seguridad estatal, Jorge Domene, precisó que los muertos (43 hombres y seis mujeres) fueron abandonados junto a una casilla de inspección fitosanitaria.
Por la forma en que fueron encontrados los cadáveres, amontonados unos sobre otros y llenos de tierra, es posible que hayan sido trasladados en un camión y descargados al amparo de la oscuridad de la noche.
"Se encontró también una manta [cartel] alusiva en la que se ostenta que este hecho tan violento es autoría de la banda de Los Zetas. En esta ocasión, todo indica que estas personas fueron asesinadas no recientemente, sino con unos dos días de anticipación", añadió el vocero. Sin mencionarlo expresamente, los funcionarios sugirieron que los muertos podrían pertenecer al cartel del Golfo.
Sin embargo, el procurador (fiscal) del Estado, Adrián de la Garza, dejó abierta la posibilidad de que los asesinados fueran inmigrantes que se dirigían hacia la cercana frontera con Estados Unidos. Tal fue el caso de los 193 cadáveres encontrados en abril de 2011 en varias fosas comunes en la localidad de San Fernando (en el estado de Tamaulipas). En agosto de 2010, otros 72 inmigrantes fueron hallados muertos en la misma localidad.
De la Garza dijo que a su dependencia no le consta la desaparición de tan alto número de personas, por lo que podría presumirse que las víctimas procedían de otras regiones de México o de fuera del país.
Pero, según insistió Domene, "el hallazgo es un reflejo de los actos que han venido ocurriendo a lo largo del país, como lo fue en Nuevo Laredo, en Jalisco y, hace unos meses, en Veracruz".
Hace menos de una semana, 18 personas fueron asesinadas y decapitadas y sus restos abandonados en bolsas de plástico dentro de dos camionetas, sobre una carretera cercana a Guadalajara (en el estado de Jalisco).
Varios medios de comunicación señalaron que las víctimas no tenían ninguna relación con el crimen organizado y que el múltiple homicidio sólo busca sembrar el pánico entre la población. Y el día 4 de mayo, otras 23 personas eran ejecutadas en Nuevo Laredo. Nueve de ellas, presuntas integrantes del cartel del Golfo, colgaban de un puente en la madrugada con signos de haber sufrido salvajes torturas.
El cartel de Los Zetas se atribuyó los asesinatos y acusó a los muertos de "calentar la plaza" y atraer la atención de las fuerzas de seguridad con atentados. Horas más tarde, y como probable respuesta a ese suceso, eran abandonados frente a la municipalidad los cuerpos sin cabeza de otros 14 individuos.
En septiembre de 2011, 35 cadáveres fueron apilados en dos camionetas de transporte de ganado y abandonados frente a un concurrido centro comercial en una céntrica avenida de Boca del Río, la zona turística de Veracruz.
FUENTE: La Nación
