Un periodista de LaNoticiaWeb, de tan sólo 19 años estuvo en el Congreso durante el inicio de la Marcha del #8M. Su particular visión y pensamiento de este momento de deconstrucción y aprendizaje de los varones argentinos. La esperanza puesta en que las nuevas generaciones, venzan al machismo
Por Matías Lewko, estudiante de Comunicación Social
Hoy estuve en la marcha con la curiosidad común de cualquier estudiante de periodismo, pero más aún con la nota que me tocaba cubrir. A la ansiedad lógica de una de mis primeras coberturas, se agregó mi curiosidad por ver de cerca, una vez más, a la lucha de las mujeres en esta época.
Escribo sobre el #8M desde los ojos de un varón «Cisgenero» (es decir, que se autopercibe como tal). Caminando y entremezclado entre de mujeres y colectivos trans, al principio me resultó difícil lograr cercanía. Ver cuerpos semidesnudos sin una consigna sexual, pero política, me pareció una clase de simbolismo que aún me sorprende, porque no se dirige a mí, sino a un no tan numeroso , pero creciente, sector de la sociedad.

En la marcha vi algunos varones. En su mayoría resultaban ser vendedores de pañuelos, pines, comida y productos generados por pequeños emprendimientos. A varios de los que marchaban, les incomodó la pregunta «Que te convoca como hombre a venir este 8 de Marzo?».
La respuesta mas común fue el acompañamiento, porque el patrón que se veía en cada entrevistado fue la conciencia de que estabamos en un escenario de lucha que no era nuestro, sino de las mujeres. Es decir, tanto yo, como ellos y algunos mas, estábamos jugando un partido de fútbol de visitante en una cancha de tenis.
No sólamente estábamos fuera de la corriente que estaba llevando a cabo la marcha por no ser parte de la lucha, sino porque no nos resulta posible actuar como las victimas del actual sistema. A medida que veía las consignas, me daba cuenta que con diecinueve años, nunca fui manoseado en el transporte publico, ni me siguieron gritándome desde un auto y tampoco fui criado para terminar de comer y levantarme a lavar mientras los hombres de la familia charlaban, sin embargo muchas de las chicas que iban en uniforme de secundaria, parecerían haberlo ya vivido todo.
Desde los quince años que puedo volver caminando solo a mi casa sin miedo a ser secuestrado por una red de trata de personas, pero hoy me tocó ver cara a cara a las madres de las mujeres, trans y cis, que fueron victimas de esta actividad.
Estaba viendo a la cara a las madres de las victimas de los placeres de mis amigos, los cuales frecuentaron prostíbulos clandestinos, incluso yo fui invitado a ir. Estaba ante un grupo de mujeres que podrían aun tener a sus hijas vivas de no ser porque aquellos que yo conozco, financiaron una actividad esclavizadora.

Dando vueltas por la marcha recordé la frase «Todo es político». Me lo recordaron los carteles que hablaban del gobierno, las consignas en favor de la igualdad y el repetido lema «Fuera yanquis de latinoamérica». En mi cabeza se volvía todo difuso cuanto mas caminaba, ya dejaba de entender que era lo que esperaba ver. Cuando me propuse ir esperaba encontrarme chicas que velaran por su independencia e integridad, pero encontré una lucha antisistemica en la cual no podría encontrarme. Era una lucha contra un fantasma para mi, porque como hijo varón del patriarcado, no me tocó la peor parte.
Conclusión, los varones tenemos mucho que aprender. Como hombres adultos, debemos preguntarnos y cuestionarnos a través del movimiento, no sólo cuál es nuestra inclusión en él, sino cómo contribuimos a la continuidad del actual sistema, y así combatirlo.
Fuimos criados para ser grandes héroes y lideres, pero eso no significa que debamos pararnos en el escenario a luchar dando cátedra sobre un movimiento que no nos pertenece, sino que tengamos la humildad de luchar tras bambalinas. Porque mientras seamos amigos, compañeros y familiares de aquellos que buscan que el actual sistema prolifere, nos quedará trabajo por hacer como aliados.
