Como nunca para esta época del año hay una cantidad inusitada de estrenos y se agotan las entradas por más caras que estén. El cartelito de "No hay más localidades", colgando en las boleterías, que antes era una rareza reservada para pocos privilegiados, ahora se ha convertido casi en un lugar común.
Entradas carísimas, teatros repletos y compañías que peregrinan inútilmente en busca de una sala que las cobije señalan dónde los porteños tienen puesto su cable a tierra para disipar, aunque sea por un rato, las tensiones de la cotidianidad.
Que atravesamos un boom del teatro comercial de cierta calidad en Buenos Aires lo prueba que en estos días, y en las próximas semanas, se superpone una cantidad inusitada de estrenos importantes para esta época del año.
Entre los más llamativos se encuentran The Pillowman (en el Lola Membrives, con Pablo Echarri, Vando Villamil, Carlos Belloso y Carlos Santamaría); Baraka (en el Metropolitan 2, con Hugo Arana, Jorge Marrale, Darío Grandinetti y Juan Leyrado); Grabado (en Ciudad Konex, con Fabián Vena); Cómo aprendí a manejar (en el Lorange, con Gabriela Toscano y Gustavo Garzón); El diario de Ana Frank (en el Regina, con Vanesa González, Norberto Díaz y Emilia Mazer). Tras las vacaciones de invierno aterrizarán Closer (Araceli González, Mariano Martínez, Marcela Kloosterboer y Nacho Gadano); Una cierta piedad (Selva Alemán y Juan Gil Navarro), y Jack (Luciano Castro, Rafael Ferro, Lola Berthet y Agustina Lecuona). Si la televisión elige con cuentagotas a los actores más conocidos y el nuevo cine argentino prácticamente les da la espalda, el teatro local, en cambio, no tiene inconvenientes para recibirlos a todos con los brazos abiertos.
Treinta mil personas ya vieron Rent , desde fines de marzo, en Ciudad Konex; la semana que viene llegará Hairspray (al Astral, con Enrique Pinti) y para 2009 se anuncian otras célebres comedias musicales como Chicago, El fantasma de la ópera y El joven Frankenstein . En el Complejo La Plaza las entradas para Gorda (Mireia Gubianas, Gabriel Goity, María Socas y Jorge Suárez) y Dos menos (Héctor Alterio y José Sacristán) se venden con quince días de anticipación y no queda una butaca libre y de las 110.000 entradas disponibles (las más caras, a 600 pesos) para ver el Cirque du Soleil hasta fin de este mes, estarían quedando sin dueño apenas 5000.
Según la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), que agrupa al grueso de las salas comerciales porteñas, comparando 2003 con 2007, se han ocupado el año último unas 800.000 butacas más y la gran cosecha 2008 promete dejar muy atrás los 2.560.954 espectadores registrados en este circuito durante la temporada anterior. El valor de las entradas, en tanto, no para de aumentar: hace cinco años el ticket promedio costaba 24,96 pesos y este año ya se eleva a 69,67 pesos. Maipo siempre Maipo , la exitosa revista con Antonio Gasalla, tiene plateas a 150 pesos y la obra con Echarri, a 100. Muchísima gente, claro, se queda con las ganas, se la rebusca consiguiendo entradas más baratas de Cartelera, rompe el chanchito o espera a los días con rebaja para jubilados y estudiantes.
En lo que va del año hasta el 30 de junio lo recaudado por las salas adheridas a Aadet ascendía a casi 70 millones de pesos (sin contar la taquilla del muy convocante y mucho más accesible teatro oficial ni del expandido off , disperso en innumerables salas en diversos barrios).
Ganancia pura y fácil podrían alegar quienes descuelgan opiniones apuradas. Y mucho más si supieran que la actividad teatral está eximida de impuestos.
Pero, en verdad, esta actividad tiene altísimos costos cuyos ingresos van a parar a distintos bolsillos (derechos de autor, dueño de la sala, montaje escenográfico, cachets de los artistas, sueldos de los técnicos, vestuario, seguros y publicidad). Y un riesgo inmanejable llamado éxito, sin cuya imprescindible presencia esos costos no se recuperan.
Para actores conocidos el teatro supone distintos atractivos: la adrenalina de salir a escena y encontrarse cara a cara con el público, el prestigio y el training que significa explorar las mejores facetas del personaje que les ha tocado en suerte, la posibilidad de ser apreciados en anticipos y críticas de la prensa especializada, sentir el premio incomparable de una ovación cerrada o de un aplauso sostenido y el buen clima que puede crear un elenco cuyos integrantes lo pasan bien haciendo lo que les gusta y, por sobre todo, la posibilidad de cobrar buenos porcentajes de la recaudación totalmente exentos del impuesto a las ganancias (y si les va bien, pueden llegar a ganar mucho más que en la TV, donde sí tienen que tributar, y mucho).
Para el público, por su parte, supone un momento de distensión o de reflexión la posibilidad de soñar despierto, reírse o llorar con cuestiones que, por más lejanas que parezcan, de alguna manera nos tocan y nos llegan muy hondo. Hay textos e intérpretes que tienen la virtud incomparable de sumergirnos en las mejores profundidades de la filosofía y los sentimientos. Pero así como hay obras con comprobados efectos psicoanalíticos, otras sólo proponen un divertimento leve y ligero, como una ducha corta y reconfortante que se olvida tan pronto uno pone el pie fuera de la bañera.
Claro que también hay riesgos, y muchos, para los espectadores: no alcanzar a conectarse convenientemente, no entender nada, aburrirse, quedarse dormido, ser víctima de algo que no merece llamarse espectáculo, que tiene demasiadas hilachas a la vista o que apela a efectismos, incoherencias, golpes bajos o mal gusto para distraer de sus carencias esenciales. El teatro es doblemente social: se comparte con amigos, familia o pareja, pero también con el resto de los espectadores de la función a la que concurrimos, quienes nos influyen, y a quienes también influimos, creando entre todos una atmósfera mágica que mezcla asombros, aplausos y emociones.
Quien frecuenta el teatro con asiduidad por lo general se convierte en una persona más completa, culta y hasta lúdica, se vuelve más sutil y depura su estética. En una palabra: queda en óptimas condiciones para enfrentar mejor las inclemencias de la vida.
FUENTE: LA NACIÓN

