En estadios de la nueva era, revivieron viejas emociones que nos reconectaron con lo que alguna vez compartimos, el déjà vu que duró un mes. El Mundial de las cábalas y las coincidencias con lo que pasó, que nos arrastra por nuestro túnel del tiempo memorial y sentir que vivimos un mundial entre muchos pasados. El hilo de la pelota, que también conoce de amistad y reencuentros.
Pasó una semana que va a durar días, o tal vez años en desvanecerse. Más allá de desahogos llenos después de un largo grito guardado por décadas. Somos los campeones de la Copa, de el Mundo de cada uno que vibró con la fiesta que duró un mes. El poder del fútbol que entrelaza contactos, aviva la nostalgia de recordar lugares, amigos, familia, y las cábalas infaltables, que éste año la tuvieron más que fácil con ese equipazo de Ópera. El Mundial es el faro de los recuerdos, una cita obligada a rememorar, todas las épocas y un espejo interno, el paso de los años corriendo a la par de los balones que atravesaron la historia y pasaron por tantos pies cargados de magia. El fútbol sagrado. Una caja de recuerdos.
Resiliencia: divino tesoro
Los argentinos la remamos siempre, en todo lo que fue y vendrá. A eso nos dispusimos y lo acatamos al pie de la letra. Esta conquista resuelve muchos lastres, uno se cuela en la gesta de la selección y se siente parte también, ¿por qué no? ¿Acaso diseñar esa estructura compleja para expresar una particular relación entre amor, sufrimiento y dolor no cuenta?
La Scaloneta marcará un antes y un después entre las generaciones de las dicotomías permanentes, los que creen que se puede cambiar para mejorar y los que vivimos entre las dos. El equipo mostró de todo, tuvo hasta la elegancia de mancarse en el momento indicado. Fue la degustación para engatusar a los maulas con otros colores de camisetas y estilos. El menú de gala lo puso Monsieur Messi y un equipo con sazón y «bellas artes».
«Lo que pinta este pincel / ni el tiempo lo ha de borrar; / ninguno se ha de animar a corregirme la plana; / no pinta quien tiene gana / sino quien sabe pintar».
José hernández – Martín Fierro
Plato fuerte
Una selección que brindó una panzada futbolística, y consolidó la estructura de un equipo que ayudó a graduarse desde primaria a doctorado sin escalas, al bueno de Lionel Scaloni y sus alfiles Aimar y Samuel, los socios del silencio para afuera y con el laburo incansable de ponerle un sello a su creación desplegada por todo el verde. Los autores de la resistencia a las voces corrosivas que descreían de todo.
La confianza como camino para superar oponentes, porque el perfil bajo para competir y el carácter para ser mejor que el rival lo mostraron desde aquel trampolín que fue el segundo tiempo contra México y frente a los prejuicios y el pellejo caliente del cuerpo técnico en bandeja para los moralistas del deporte y la vida.
El mal ensayo ante Arabia le abrió el telón a la sinfónica del Mundial. El gol de Leo deshidrató fantasmas y desinfló el globo de la hipocresía camuflada. A partir de aquel zurdazo fundador de la gloria de nuestros días felices, la varita de Messi hermanó, un antes y un después del idilio inmortal. El equipo apareció en plenitud de juego, variantes, impronta pero sobre todo convicción. Un compendio de características de alto tenor, capaz de conquistar cabezas y corazones. Abrazos bienvenidos, reencuentros o reapariciones; vida, alegrías y añoranzas todo lo que provocó este temporal emocional, que durante un mes nos sensibilizó tanto, pues vivamos en modo Mundial de ahora en más y caminémosla mejor.
Muchas gracias por este traído navideño muchachos y Papá Lionel, especialmente, se retribuye en bendiciones y un recuerdo imborrable. En las mesas festivas habrá dibujada un sonrisa, cuando estemos cara a cara en el brindis, encontraremos en los ojos de enfrente secuelas de el Mundial de cada uno: varios días como el de Arabia, algunos segundos tiempos frente a México y unas pocas pero gloriosas épicas de cuartos y final. Salud y paz para todos. Mirando hacia arriba y con «nuestra copa» en alto saludaremos a los que tenemos por allá, celebrando el Mundial de todos.
Muchas gracias Copa del Mundo, reviviste el nosotros, compusiste algo reparador para nuestros corazones, para sanar heridas y conectar generaciones. Elijamos seguir creyendo.
Muchas gracias a todos los que nos escoltaron en esta recorrida hermosa de 64 partidos con todas las aventuras de las previas y las conclusiones del empacho futbolero en este espacio querido.
Todos jugamos el Mundial de cada uno.
Felicidades para todos, chau Qatar, gracias finales.

