El acuerdo con las autoridades incluye controles fiscales, condiciones de seguridad y seguimiento judicial. Cómo será el funcionamiento y qué cambió para los trabajadores.
La imagen del predio vacío, con fajas de clausura, fue el disparador de una crisis social profunda. La feria de La Salada, uno de los centros comerciales más populares de Latinoamérica, quedó paralizada por una orden judicial que dejó sin ingresos a miles de familias. Pero el cierre no duró mucho: tras protestas, negociaciones y una fuerte presión de sus trabajadores, se acordó la reapertura. Ahora bien, ¿cuáles son las condiciones para que vuelva a funcionar?
Según trascendió de las reuniones entre autoridades municipales, provinciales, judiciales y representantes de la cooperativa, se estableció una serie de requisitos:
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Auditorías cruzadas de AFIP, ARBA y ARCA para controlar el origen y el tipo de mercadería que se comercializa.
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Mayor presencia de seguridad interna y estatal dentro de los predios, con cámaras habilitadas y monitoreo conjunto.
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Registros actualizados de cada puesto, incluyendo inscripción en AFIP o condición fiscal del trabajador.
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Verificación de habilitaciones y medidas de seguridad edilicias, en especial en sectores cerrados como Punta Mogote.
Los feriantes, que venían reclamando desde hace días la reapertura, aceptaron estos compromisos a cambio de poder retomar la actividad lo antes posible. Muchos reconocen que hay sectores informales, pero advierten que la mayoría de los trabajadores está en regla y necesita seguir trabajando.
“La feria no es un aguantadero. Acá se produce, se vende y se genera empleo. Si alguien comete un delito que se investigue, pero no nos pueden frenar a todos”, reclamó uno de los voceros del predio.
Durante el cierre, cientos de puesteros salieron a vender en ferias barriales o en la calle, sin protección legal ni condiciones dignas. Otras, como muchas mujeres jefas de hogar, se organizaron para armar ollas populares. “Esta semana me quedaban los últimos ahorros”, dijo una de las trabajadoras que se encarga de un puesto de ropa para chicos.
Ahora que volverán a sus puestos, lo harán bajo nuevas reglas. En los próximos días habrá inspecciones sorpresivas, monitoreo de precios y control del tipo de productos que se venden. También se habilitarán canales de denuncia interna para detectar irregularidades sin necesidad de clausuras masivas.
Una reapertura bajo vigilancia
El nuevo esquema de funcionamiento implica un mayor grado de institucionalización de La Salada. Para muchos trabajadores, es una oportunidad de defender su fuente de ingresos con reglas claras. Para otros, una señal de alerta: temen que detrás del control haya una estrategia de disciplinamiento o cierre progresivo del modelo popular.
