La Senadora Nacional por la provincia de Buenos Aires, oriunda de Avellaneda, indicó además que la sancionada ley «no obliga a nadie a abortar». El fuerte testimonio personal de la pérdida de su embarazo, dos días después del tratamiento en 2018.
Gladys González es una de los tres representantes que tiene la provincia de Buenos Aires en el Senado de la Nación. La dirigente de Juntos por el Cambio, oriunda de la localidad de Avellaneda, volvió a votar a favor de la legalización del aborto a pesar de profesar la fé católica.
«Fui a un colegio religioso en la primaria y en la secundaria, me bautizaron, tomé la comunión y la confirmación. Cuando vine a estudiar a Buenos Aires, viví mis primeros tres años en pensiones de religiosas y solía frecuentar un centro del Opus Dei. Crecí con el precepto de que debía llegar virgen al matrimonio y de que el sexo era sólo para procrear. Es un debate muy difícil para mí con esta historia», arrancó su discurso González.
«El estado aún no logra llegar antes y no está salvando las dos vidas; hace falta esta ley que le abra el sistema de salud a todas las mujeres», agregó la senadora.
Seguidamente, dio cuenta de un triste acontecimiento personal que le tocó atravesar dos días después de haber votado a favor del IVE durante el debate en 2018.
«Embarazada de nueve semanas y después de aquella votación, perdí el embarazo. Por un momento pensé que Dios me había castigado por mi voto a favor de la legalización del aborto. Entendí que se debía a que tenía 45 años y mis óvulos eran demasiado débiles para concebir. El Dios en el que creo no castiga, ama. No creo que sea cristiano criminalizar a las mujeres que deciden interrumpir el embarazo. ¿No será hora de que hagamos una autocrítica?», expresó.
«¿Porqué queremos imponer y criminalizar con la vara de nuestra religión cuando no pudimos hacerlo con nuestra fe y la oración para nuestros propios fieles? No podemos imponer nuestra fé católica a todo el pueblo argentino y menos cuando hemos fallado. No logramos salvar ninguna vida», aseguró.
Luego, pidió por un «sistema de salud que proteja a las mujeres vulnerables, donde la vida no sea un privilegio de las que pueden pagar y la muerte una condena por ser pobres. Se trata de desigualdad y de hipocresía».
«Ahora el Estado debe hacerse cargo, evitar que las mujeres mueran y tratar de salvar las dos vidas», añadió.
Por último, remató: «el aborto clandestino es un negocio al que no le interesa ninguna de las dos vidas. La clandestinidad mata, no salva ninguna vida. Está comprobado como esta ley que no obliga a nadie a abortar».
