El Presidente expuso ante empresarios y dirigentes, pero su mensaje no generó el respaldo esperado. Hubo pocos aplausos, gestos adustos y señales políticas que marcaron distancia en uno de los eventos más esperados del año.
La cena anual de la Fundación Libertad reunió a empresarios, dirigentes políticos y referentes del establishment en Parque Norte. Allí, Javier Milei enfrentó una recepción fría por parte del llamado Círculo Rojo, que siguió su extensa exposición con escaso entusiasmo y una notoria falta de respaldo visible.
El Presidente habló durante varios minutos con apoyo de gráficos económicos. Defendió el rumbo de su gestión y buscó transmitir confianza sobre el futuro. Sin embargo, la reacción del auditorio resultó distante: casi no hubo aplausos y predominaron los gestos serios entre los asistentes, incluso dentro de sectores cercanos al oficialismo.
Durante su discurso, Milei insistió con uno de sus ejes habituales. “No nos vamos a dejar psicopatear, los que más sacamos gente de la pobreza fuimos los desalmados liberales, no se dejen psicopatear por los kukas mentirosos”, afirmó. También pidió a los empresarios “no escuchen” el “relato kuka” y sostuvo: “la demanda de dinero está subiendo, y por lo tanto la inflación va a caer. Tarde o temprano vamos a derrotar a la inflación”.
El mandatario buscó interpelar al sector privado con definiciones sobre el mercado laboral. Planteó que unas 400.000 personas ingresaron al empleo informal y defendió la reforma laboral impulsada por su gobierno. “¿Para qué creen que mandamos la ley de modernización laboral?”, preguntó ante un auditorio que respondió con silencio.
Ese contraste marcó el clima de la noche: un Presidente enfático frente a un empresariado que evitó convalidar con aplausos sus definiciones. La escena se repitió en varios tramos del discurso, incluso cuando apuntó contra empresarios. “¿Acaso es justo pagar los neumáticos cuatro veces más caro? ¿Pagar los tubos de acero tres veces más caro?”, lanzó en referencia a conflictos con grandes compañías.
Milei también defendió el ajuste fiscal y la política económica. “No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia. A pesar de haber hecho el ajuste más grande de la historia, la economía crece”, sostuvo. Y agregó: “Vamos a honrar las deudas, tarde o temprano el riesgo país se va a destrozar”.
El tono crítico no se limitó al sector privado. El Presidente cuestionó a dirigentes opositores, medios de comunicación y economistas. “No puede ser que nos dejemos psicopatear por los kukas, no puede ser que le compremos la mentira a los periodistas ensobrados y corruptos”, expresó en otro tramo de su intervención.
Pero más allá del contenido, lo que predominó fue la reacción del público: el Círculo Rojo eligió escuchar sin acompañar. La falta de aplausos y las miradas adustas expusieron una relación que no logró consolidarse.
La previa también dejó señales políticas. Mauricio Macri subió al escenario antes que Milei, en el horario central. Su presencia marcó un gesto hacia el empresariado. Luego, ya en el salón, el expresidente evitó el saludo con el mandatario. Ese detalle reforzó la imagen de distancia en un evento donde se esperaba sintonía.
El clima se completó con una organización ajustada. La cena se demoró hasta el final del discurso presidencial. Los invitados esperaron con un servicio mínimo. En paralelo, el ingreso de Milei estuvo rodeado de un fuerte operativo de seguridad y una puesta en escena cuidada.
En ese contexto, la noche dejó una conclusión clara: el Presidente expuso su programa sin matices, pero no logró generar empatía en el núcleo empresario. La falta de reacción del auditorio funcionó como el dato político más relevante de una velada que buscó mostrar respaldo y terminó evidenciando distancia.
