La división en el bloque radical de Diputados escaló en disputas internas: se piden expulsiones, renuncias y recriminaciones cruzadas entre sectores liderados por Lousteau y De Loredo. La división se extiende a nivel provincial, dejando a los gobernadores radicales ante un panorama incierto y un partido fragmentado
Horas después del quiebre en el bloque radical de Diputados, en lugar de aplacarse las tensiones, la división interna se intensificó. Entre acusaciones cruzadas, demandas de responsabilidad, pedidos de expulsión y debates sobre el rumbo del partido, la discusión quedó centrada en los cinco legisladores señalados como «con peluca«, a la espera de que se definan sus solicitudes de desafiliación.
“Me hace acordar a, en el colegio, cuando uno no quería ser amigo tuyo si eras del otro”, expresó un dirigente radical, criticando la actitud de quienes optaron por separarse del partido. Antes de esta ruptura, Democracia para Siempre había intentado, sin éxito, lograr la expulsión de estos cinco diputados del bloque.
Las recriminaciones surgieron inmediatamente tras el quiebre. Desde el ala que se mantuvo dentro de la UCR, las críticas apuntaron hacia Martín Lousteau, mientras que el nuevo grupo dirigió sus cuestionamientos a Alfredo Cornejo, dos figuras con una relación distante desde hace tiempo.
A Lousteau se lo señaló como el líder de una facción del radicalismo, acusándolo de dividir el bloque de la UCR en vez de trabajar en favor de la unidad y de buscar la expulsión de otros legisladores. Sin embargo, Evolución rechazó estas acusaciones y reorientó sus críticas hacia otros aspectos.
Los miembros del bloque que eligieron permanecer en la UCR, aunque tuvieron menos repercusión mediática, consideran que los integrantes de Democracia para Siempre actuaron con obstinación. Esta postura se debe a que, al no haber logrado la expulsión de quienes respaldaron el veto, se negaron a aceptar la derrota dentro del bloque.
Para el sector afín a Martín Lousteau, el verdadero responsable de la ruptura fue Rodrigo de Loredo, quien en el pasado fue parte de este espacio pero, con el tiempo, se fue alejando. Desde Evolución se sostuvo que la intención siempre fue la de establecer una mesa de diálogo para resolver las diferencias; sin embargo, en lugar de sumarse a esa búsqueda de soluciones internas, De Loredo optó por visitar la Casa Rosada, lo cual fue interpretado como un desplante.
Según recordaron, las primeras divergencias surgieron cuando cinco diputados cambiaron su postura en torno a los haberes jubilatorios y decidieron votar en contra de la posición de la UCR, tanto en ese tema como en relación con el veto a las universidades. En lugar de apoyar su expulsión del bloque, De Loredo los respaldó, algo que fue visto como una provocación. Los cinco diputados libertarios, en el día de la ruptura, publicaron una selfie en redes sociales junto a Martín Menem. “En el mejor de los casos, hay un bloque radical mileísta y otro radical; en el peor, quedaron tres bloques por la mezquindad y el cinismo de Rodrigo. Él es quien debe dar explicaciones”, apuntaron desde la conducción del espacio en la Cámara Baja.
Desde el grupo que decidió no romper el bloque, la figura de Lousteau fue vista de manera crítica. A las acusaciones de sectarismo, se sumó la crítica de falta de fortaleza, señalando que dividió el espacio sin obtener la presidencia, que quedó bajo el ala del sector de Facundo Manes. Evolución, por su parte, afirmó que nunca tuvo intenciones de asumir el liderazgo del nuevo grupo. No obstante, los radicales que permanecieron dentro de la UCR cuestionaron la representatividad de este sector, recordando que sus integrantes han perdido en elecciones internas provinciales, figuran mal en las encuestas y representan una minoría ruidosa que va en contra de la postura mayoritaria del partido.
Este quiebre en la UCR no sólo dejó al descubierto la división del bloque, sino también las fracturas internas dentro de Evolución. En 2021, cuando el sector se escindió, formó un espacio propio con 12 diputados, de los cuales ahora quedan pocos, y la mayoría de ellos deberá renovar sus bancas en las próximas elecciones. Esto ha llevado a varios a intentar regresar bajo el gran paraguas de la UCR.
Entre los legisladores de Evolución en 2021 que esta vez no se sumaron a la ruptura y cuyo mandato finalizará en 2025, se encuentra Martín Tetaz. El diputado recibió duras críticas de Agustín Rombolá, ex presidente de la Juventud Radical de la CABA, quien pidió su renuncia por no cumplir con las promesas de campaña. Rombolá fue más allá al sugerir que Tetaz debería buscar candidaturas en el PRO o en La Libertad Avanza, ya que, según él, no representa los valores de la UCR.
Rombolá se ha destacado como una de las figuras más firmes en sus posturas, solicitando expulsiones dentro del partido, entre ellas la del ministro libertario Luis Petri, la de los diputados apodados “con peluca” y también la de Rodrigo de Loredo, a quien responsabiliza de articular esta «panquequeada centenaria». Estos pedidos están en proceso en el Tribunal de Ética de la Convención, que, aunque avanza sin prisa, mantiene el tema en la agenda.
La incógnita ahora es si esta ruptura afectará a los gobernadores radicales. Inicialmente, se interpretó que no tendría un impacto significativo. Sin embargo, el escenario ha resultado peculiar, dado que en distritos liderados por la UCR, como Jujuy, Santa Fe, Corrientes y Chaco, la división de los diputados ha sido casi equitativa entre el bloque nuevo y el antiguo. Una situación similar se observó en Entre Ríos, bajo el liderazgo del PRO, donde la fractura ha dejado en evidencia una división notable entre representantes del mismo partido en distintas provincias.
