El especialista en sociología de la cultura y docente de la UBA, Pablo Alabarces, dialogó con UrbanaBA sobre la muerte del Diego. Sus contradicciones, su orgullosa subalternidad y el clasismo detrás de sus críticas.
Estamos más tristes que ayer. Parece que nos termina cayendo la ficha. ¿Al correr de los días vamos a estar más tristes todavía?
Sí. Hay cosas muy excepcionales en Diego pero hay otras que son absolutamente comprensibles. Hay una cosa que se llama duelo, loco. Son para eso, para que procesemos dolores, pequeños, grandes o desmesurados como pueden ser esto. No se va a pasar rápido, tenemos mucho que hablar. Tenemos que procesarlo colectivamente. Quiero ver como se va disparando esa conversación. En este momento estoy viendo la imagen de un carro hidrante bañando a la gente, no me parece que sea la conversación más adecuada.
Hay una opinión bastante convencional acerca de que el Diego en si mismo es una contradicción. ¿Compartís esta visión?
La contradicción es innegable, en un sujeto que vivió 60 años de su vida con una cámara en el culo. Desde los 15 años, volvieron público hasta lo más íntimo. Ninguno de nosotros resistiría eso. Todos tenemos ratos más felices que otros, pero todos en ultima instancia somos una mierda. Pero no estoy diciendo que él no lo haya permitido. Él no solo lo permitió sino que en algunos casos lo alentó. Nadie puede no tener contradicciones, y mucho menos cuando no podes esconderlas. Uno, que es una persona normal, se manda una cagada, se da cuenta, la trata de arreglar, la esconde. En cambio, todo lo que hacía Diego era público.
¿Y por que este dedo señalador hacia el Diego exigiéndole cosas que tal vez a un padre o hermano no se le exige? ¿Por qué este ensañamiento?
No se si tanto. No creo que se le haya cuestionado de más. Incluso se le cuestionó de menos. Recientemente, por el avance del movimiento feminista, se empezó a señalar con bastante precisión y fuera de toda duda, de que se trataba de un machista desmesurado. Esto creo que es indiscutible. En uno de los primeros programas de La Noche del Diego le preguntan por el hijo desconocido que tenía en ese entonces en Nápoles, Diego Maradona Sinagra. Y su respuesta canchera fue “los hijos son los que uno ama”. Y en ese momento, nadie salió a pararle el carro y decirle “no, Diego, mirá, los hijos son los que uno tiene, no los que uno ama”. Después saltó a la a luz que en realidad tenía un equipo de fútbol de hijos ilegítimos desperdigados por el mundo. Maradona quizás no fue objeto de una crítica tan desmesurada como podría haber sido.
Con las drogas sí se lo criticó, como si nadie en Argentina tomara droga.
Claro… el consumo de droga. No me jodan, en este país nadie consume droga. Acá nadie fuma, nadie bebe, nadie toma merca. Y además, inevitablemente eso caía en el pie clasista: “¿qué querés? Es un negro de mierda”. Inclusive, en estos momentos, aparece el “bueno, viniendo de donde vino, pobre, hizo lo que pudo”. No me jodas, eso es puro clasismo. Fue lo que fue porque salió de Fiorito, ¡pero en el sentido positivo! En el sentido de que fue un sujeto subalterno que exhibió su subalternidad, orgulloso de ella. Y que construyó todo lo que construyó a partir de esa subalternidad, no en contra de ella. No llegó a ser el más grande futbolista de la historia del futbol, el mayor productor de felicidad de la cultura argentina, y el mayor artista popular de la historia argentina a pesar de su subalternidad, sino por su subalternidad.
Hay una lectura que dice que, así como cuando nació el peronismo nació el antiperonismo, cuando nació Maradona nació el antimaradonismo. Y con el nacimiento del Diego, él definió el arquetipo opuesto a lo que sería el maradonismo.
Su relación con el peronismo es notoria. Se reivindicaba peronista, pero además guevarista, castrista, chavista, evomoralista, etcétera. Pero más allá de sus reivindicaciones explicitas, si Maradona no existiera, lo hubiera inventado el peronismo. Es el mejor símbolo peronista que se le pudiera haber ocurrido a este país. En el sentido de una maquina que promete cumplirte los deseos y felicidad. Pero además, Maradona no solo lo promete, va y te lo hace.
¿Considerás que en esta idea de fenómeno social la muerte puede dar un punto de inflexión? Quizás como consuelo para sepultar las criticas personales.
No, va a ser apenas una suspensión. Dale un par de días a que Fernando Iglesias se recupere del impacto y vas a ver las barbaridades que dice. Esto es cumplir con las reglas del velatorio, en el velatorio no se habla mal del muerto; hasta que uno se mama y empieza a hacerlo.
