La reunión que Lula da Silva y Evo Morales mantuvieron la semana pasada en Brasilia significó un logro para el presidente boliviano en cuestiones bilaterales. Lula acordó pagar un 4% más por el gas altiplánico y Evo continúa acumulando pulseadas.
ENERGIA POSITIVA
Por Oriana Padello
Tras una ardua tramitación, las relaciones entre ambos países han llegado a buen puerto. El pasado 15 de febrero concluyeron en el Palacio Presidencial de Brasilia las negociaciones por la venta del gas boliviano. El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, acordó en pagar un poco más por el gas natural que le envían los bolivianos. El aumento fue de un 4% contra un 25% del pretensioso Morales: se elevó de 1,09 a 4,2 dólares el valor del millón de BTU (unidad térmica).
La estatal brasilera Petrobrás y Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia (YPFB) hallaron la manera de reajustarle las llaves al gas. A partir de ahora, el gobierno de Morales recaudará unos 140 millones de dólares anuales más que los actuales 1.250 millones de dólares que obtiene de sus ventas al mercado brasileño, cifras altamente gaseosas. “Este acuerdo nos fortalece en el proceso de cambio y nos permite profundizar la democracia en mi país”, sostuvo el boliviano perteneciente al Movimiento al Socialismo (MAS), quien continúa preparando el camino para la refundación (o revolución) de su país. “Y nunca faltará gas a Brasil”, remató solemnemente el gobernante izquierdista, según declaraciones recogidas por la agencia internacional EFE.
En la ciudad brasileña de San Pablo, donde se alzan las industrias más importantes del país que goza de la economía más desarrollada del continente, y en los estados de Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sulse, se consumen 26 millones de metros cúbicos procedentes de los yacimientos bolivianos, la segunda reserva de gas natural más importante de América del Sur después de Venezuela.
Según lo acordado en el mes de junio de 2006, nuestro país paga 5 dólares el valor del millón de BTU, es decir, 45 centavos más que los brasileños, pero a su vez compra menos gas que el país carioca. Entre tanto, algunos especialistas todavía sostienen que Brasil continúa pagando relativamente barato por el preciado gas del Altiplano. Y a esto se le suma que no deberá realizar inversiones en Bolivia, como sí se comprometieron los negociadores argentinos liderados por Julio de Vido, ministro de Planificación Federal.
Lula, por su parte, expresó la empatía que su país establece con el resto de América del Sur. “No somos los imperialistas que algunos dicen que somos. No somos hegemónicos como algunos quieren que seamos”, declaró. Durante su discurso, Lula destacó que “no siempre nuestros puntos de vista coinciden, y no todas las prioridades y soluciones son las mismas”, y agregó que la visita del boliviano permitió “dar continuidad a nuestro diálogo franco, abierto y constructivo. Sin condicionantes. Sin imposiciones. Sin amenazas de ruptura. Es así como se relacionan los países amigos y soberanos”.
Ya en el final de este proceso de combustión, y aunque Da Silva reconoció el reclamo por el fluido, indicó que no siempre podría atender a todos. Este último capítulo de la pugna energética entre Lula y Evo, al que elegimos llamar “El pequeño alimenta al gigante”, dio por superado el conflicto del gas.
