La denuncia presentada por querellantes y abogados de víctimas de la dictadura, contra los jueces de la Cámara de Casación Penal, por obstaculizar las causas contra los genocidas, ha despertado distintas voces, algunas que pretenden confundir aún más.
EN EL MUNDO DEL REVÉS
Por Mara Fernández Brozzi
Llama la atención cómo ahora se defiende la división de poderes y se levanta la bandera de la República como emblema defendido desde siempre.Me gustaría saber si los mismos que hoy expresan en diferentes periódicos esa idea, y enaltecen ese concepto, hicieron lo mismo hace 31 años atrás. ¿Cuál habrá sido la bandera que hicieron flamear en aquel entonces? Si fue la misma que hoy, no vale la pregunta en este sentido. Pero sí en otro, claro. ¿Es muy difícil el análisis mirando las causas de una consecuencia? O es que estamos acostumbrados a no mirar más allá de un presente momentáneo como efímero, la noticia veloz e inconsistente, el ya, esa inmediatez que vacía los contenidos y vacía los cerebros, vaciando así la historia.
Una denuncia presentada ante la Magistratura, por mal desempeño de determinados jueces ante determinados hechos: ¿es atentar contra las instituciones? Déjenme creer que no, una denuncia en sí misma no responde a esos objetivos, sino a otros, que tal vez sean esos otros los que no se quiere considerar del todo. Nuevamente estamos ubicados en la desviación de las cosas, en la tergiversación de los hechos, en la malformación de los análisis.Rápidos, acabados, inconsistentes, vacíos, o llenos de intencionalidad, claro.
“Jueces Presionados” titula un matutino nacional, y cuestiona la presión y habla de “supuestas demoras” en las causas judiciales en las que se investigan crímenes cometidos durante la última dictadura. No son supuestas esas demoras, son reales, basta con informarse un poco sobre el modo y la acción ejercida por esos jueces. Cabe, en todo caso, preguntarse de dónde viene esa presión que, según palabras escritas por esa persona en ese periódico: no hacen más que desestabilizar el sistema democrático; ¿quién presiona? Y es la sociedad, representada por querellantes, militantes de diferentes sectores, víctimas directas y no, una porción de la sociedad, que puede ser mucha o no a los ojos de quien mire, pero eso es: ciudadanos que le exigen a los jueces nada más ni nada menos que Justicia bien ejercida, es una forma de peticionar a las autoridades, un derecho contemplado en nuestra constitución.
¿Acaso está mal que esto ocurra?, ¿no tiene que ver esto también con el mantenimiento del sistema y la República?, ¿o es que no podemos como sociedad marcar el camino desde lo bueno y lo malo?, ¿debemos acatar pasivamente los métodos y las formas de los magistrados? Si el empeño en desvirtuar continúa empapando los ojos distraídos de quien lee rápido y sin pausa las páginas de los diarios, seguramente no se logrará entender ni los motivos y mucho menos las causas, simplemente porque quienes tienen el poder diario de “establecer agenda” confunden reclamo con golpe institucional o connivencias políticas.
La independencia de poderes, tal como es defendida, no puede ser alegada para sostener jueces adeptos a la campaña de impunidad de crímenes de lesa humanidad. No se trata de una denuncia caída en etapa de campañas políticas, es producto del trabajo sostenido, de la investigación seria y permanente, del compromiso mantenido desde hace muchísimos años con una misma causa. No es un panfleto político, es la acción de mucho tiempo convertida en realidad que exige con todos los derechos que tenemos como ciudadanos de poder hacerlo.
Es el resultado de una acción coherente y sostenida en la lucha permanente por una justicia que tarda en llegar, pero que es posible que por fin aparezca, pero no por arte de magia, sino como resultado concreto del trabajo, el esfuerzo, la resistencia, la lucha, de un grupo de personas que pelean desde hace mucho más que 31 años.Las campañas de desinformación comienzan con caudales imparables de información. Leer todo no es conocer, es simplemente estar informado, y cuando uno se informa lo hace con la verdad, pero también con la mentira; allí todo entra, el criterio tiene que ver con lo que logramos sacar de ese “todo” que entró.
