El jugador de Racing nació en una familia de bajos recursos, padeció la muerte de su padre a los 10 años, vivió durante tres años en una plaza, realizó artes marciales en Brasil y como si fuera poco, hoy es una pieza clave de la Academia, que puede campeonar en unas semanas.
El resurgimiento desde lo más profundo de la tierra, el excluido por una sociedad que desecha en el pozo del olvido a miles y miles de personas. La historia de Emiliano Vecchio, uno en un millón:
«Mi papá falleció cuando yo tenía 10 años. Él era el sostén de la familia y mi vieja con mucho esfuerzo trató de sacarnos adelante, pero pasamos por todo. Viví tres años en una plaza y comí de la basura», contó Vecchio sobre su complicada infancia.
Sin embargo, reconoció que estás trabas lo hicieron más fuerte y le sirvieron para ver la vida de otra forma: «Todas esas cosas por las que pasé me hicieron más fuerte e hicieron que yo peleara por lo que realmente quería, que era jugar al fútbol. Para mí jugar al fútbol es un sueño, todavía hoy mantengo esas ganas de seguir creciendo», decía al llegar a Racing.
Su carrera futbolística es toda una montaña rusa. Comenzó de chico jugando en las divisiones inferiores del Rosario Central, donde compartió equipo con figuras como Ángel Di María.
El 6 de noviembre de 2005, con 16 años, Ariel Cuffaro Russo lo hizo debutar en primera en un clásico ante Newell’s en el Coloso del Parque y se convirtió en el cuarto jugador más joven en debutar en el cuadro Canalla.
En el 2006, con 16 años, una empresa canadiense se lo llevó mediante la patria potestad. En el lapso de dos años se probó en España en las filiales menores de equipos tales como el Atlético Madrid o el Real Madrid pero no tuvo suerte y nunca quedó.
No fue hasta el 2009 que el Corinthias contrató al santafesino y su vida tomó otro color. Sin minutos con el Timao por desición táctica del entrenador, Vecchio decidió mantenerse en forma y para eso ejerció artes marciales y hasta se subió al ring 12 veces con un saldo a favor de 9 victorias, 2 derrotas y un empate.
«Empecé con el Jiu-jitsu, técnica de agarre y sumisión. Después hice lucha, boxeo y jaula. Un día me hicieron la propuesta de participar de un campeonato con otras escuelas y dije que sí, me sentía apto», explicó.
Luego, Vecchio pasó por Chile pasando por Unión Española y Colo Colo, donde disputó un total de 3 temporadas y fingió la muerte de su hermano para venir a su casamiento. También Tuvo un exótico reccorrido por Qatar, Arabia Saudita, Dubai, Brasil y también Bolivia entre los que se destacan: Qatar Sports Club, Santos, Al-Ahli de Dubai, Al-Ittihad deArabia Saudita y finalmente el Bolivar.
A mediados de 2020, 13 años después del debut con el club de sus amores, volvió a Central. Llegó con el pase en su poder y en un principio firmó por 18 meses.
Emiliano se convirtió en el capitán y fue en una pieza fundamental del equipo conducido por su ex compañero Cristian González. No obstante a mediados de mayo de este año compartió un mensaje en sus redes sociales diciendo que la dirigencia de no le permitía ir a entrenar, y comunicó que no podía seguir jugando en la institución.
A día de hoy, el «Magnate» es el jugador que le da a Racing una esperanza para campeonar, es el responsable de esta levantada anímica y futbolística, y con su fútbol ilumina los ojos de todo espectador.
La historia de Emiliano Vecchio deja en evidencia las grietas de un sistema que excluye al necesitado pero cuando triunfa, todos quieren ser parte de ese éxito. Criado a base de potrero. La pelota y la familia por encima de todo.
Uno en un millón.
