Podemos fijar políticas de estado, reordenar la institucionalidad, revalorizar el orden, buscar un rumbo y proyectar un pensamiento estratégico desde lo productivo y lo general. Pero el aporte de un cambio de conciencia solidaria es lo que permitirá junto a estas políticas el real desarrollo de una sociedad.
Por Horacio Roberto García, Secretario de Organización del Sindicato de Comercio de San Martín
Muchas veces es difícil pensar en la modificación de los sistemas, adecuarlos o dirigirlos hacia un fin específico, mucho más aun cuando un proceso se encuentra agotado, porque las consecuencias no producen un desarrollo general, lo que provoca circunstancias negativas en la sociedad.
Ayer mantuve una discusión profunda con una persona a quien respeto, sobre si los procesos políticos pueden modificar o cambiar desde el punto de vista filosófico la realidad, y me obligó a repensar y replantearme, después de haber trabajado muchísimo en los procesos productivos, cómo aplicar la teoría de la participación y la solidaridad, a la cual adhiero junto a otros compañeros, en estos sistemas.
Tuve la oportunidad de conversar con el Dr. Duhalde en el Movimiento Productivo Argentino, lugar donde el resaltaba la idea de priorizar lo productivo y aplicar un plan conducente al desarrollo, que fuera abarcativo desde lo educacional, la seguridad jurídica, el pensamiento estratégico y el rumbo claro y preciso. Ideas que comparto plenamente, ya que un Ministerio de la Producción integral, como él plantea, unifica y potencia esfuerzos aislados.
Pero, la inquietud que da vueltas en mi mente, más allá de la posición moderna de la responsabilidad social empresaria -ya que generalmente me cuesta creer en las frases armadas-, es cómo llevar a la práctica la participación natural hacia un proceso solidario del hombre. Y califico de esta forma, porque sin entrar en una descripción psicológica para la cual no estoy preparado, creo que aquel ser humano que tiene el don o la virtud de ser un emprendedor, con ambiciones sanas y concretas, no siempre potencia su costado solidario, y habiendo sido defraudado en incontables ocasiones por procesos políticos ineficientes o con características corruptas, descree de cualquier intención que sin intereses personales sea dirigida hacia el bienestar general.
A modo de ejemplo, conozco un grupo de empresarios que armó un proyecto educativo con fines de formación de mano de obra calificada, donando maquinaria a un colegio para formar personal para sus empresas. Un mérito y una idea superadora, que valoro y pongo siempre como ejemplo, y he aquí el punto fundamental del cambio de pensamiento. Podrá el empresariado argentino realizar estas acciones, no por el solo hecho de utilizar este personal, sino para formar a nuestros jóvenes con el sentido de la solidaridad a nivel sociedad, sin buscar el rédito personal.
Es difícil. Muchas veces en reuniones me he encontrado con el descreimiento hacia este tipo de propuestas, con la argumentación del negociado personal, la ineficiencia o la creencia de la búsqueda de un rédito político por sí mismo. Es en estas circunstancias que la contradicción sobre el cambio de una conciencia solidaria, que no solo contemple al plano productivo sino a cada una de las actividades de la sociedad, encuentra un muro de contención.
Suelo observar el esfuerzo individual de muchas personas que sin ningún tipo de recursos, por ejemplo alimenta a personas en comedores, y suele darse así porque la conciencia solidaria está inmersa en nuestros conciudadanos. Pero no así en un plano general hacia quienes deberían fijar las políticas para todos.
Indudablemente, los procesos no son automáticos ni inmediatos, pero todo debe tener un principio. Personamente creo que lo primordial es predicar con el ejemplo, necesitamos de una clase dirigencial que esté abocada al estudio y resolución de los problemas que aquejan a la gente, que se determinen planes claros y transparentes, pero sobre todo que se lleven a la práctica. Debemos pedirle a los empresarios que realicen el esfuerzo de aplicar la solidaridad en sus acciones, pero primero debemos demostrarles que los recursos que aporten en forma conjunta con las posibilidades del estado, no van a quedar en organismos estáticos e ineficientes, sino dirigidos y controlados hacia una política útil para el sector y el conjunto de la población.
Si se logra demostrar esta actitud, el proceso solidario de la mano del proceso productivo irá generando adherentes al mismo, no por obligación sino por convencimiento. Y quizás con el tiempo podría lograrse un proceso de desarrollo integral, que pudiéramos llamar realmente económico y social.
No quiero ponderar utopías. Creo que podría realizarse el comienzo de un cambio de conductas, por eso la solidaridad va de la mano de la participación. Estoy absolutamente convencido de la capacidad creativa del hombre y me niego a pensar que todo es por interés, simplemente que de alguna manera se debe encauzar y dirigir un proceso, así sea natural en la sociedad.
Estamos pensando con un grupo de compañeros abrir un centro de estudios. Conozco a muchos profesionales con quienes he trabajado en el pasado, gente muy inteligente y con un pensamiento solidario, trataremos de encontrar un planteo práctico en cada una de las áreas para aplicar esta filosofía solidaria. Humildemente creo que podemos fijar políticas de estado, reordenar la institucionalidad, revalorizar el orden, buscar un rumbo y proyectar un pensamiento estratégico desde lo productivo y lo general. Pero el aporte de un cambio de conciencia solidaria es lo que permitirá junto a estas políticas el real desarrollo de una sociedad.
No pretendo se comparta mi criterio, acepto el del otro y crezco con el disenso.
