Pese a algunos datos interanuales positivos, los ingresos no lograron seguir el ritmo de los precios en enero y consolidaron una racha negativa que impactó en el consumo y en la economía cotidiana.
El arranque de 2026 confirmó una tendencia que no se detuvo desde fines del año pasado: el salario volvió a quedar por debajo de la inflación por quinto mes consecutivo. Según datos oficiales, los ingresos crecieron en enero en torno al 2% mientras que el Índice de Precios al Consumidor superó ese nivel y se ubicó cerca del 2,8% y 2,9%, según distintas mediciones.
El resultado marcó una nueva pérdida del poder adquisitivo. La dinámica afectó tanto al sector privado como al público, aunque con diferencias en la magnitud del impacto. En el empleo registrado, los salarios mostraron subas moderadas que no alcanzaron para empatar el avance de los precios.
En detalle, los trabajadores del sector privado formal registraron aumentos cercanos al 2,1%. En el sector público, la mejora fue aún menor, con subas en torno al 1,8%. En ambos casos, los incrementos quedaron por debajo de la inflación mensual. La brecha volvió a reflejar un deterioro sostenido del ingreso real, en especial entre los estatales.

El único segmento que logró superar la inflación fue el empleo no registrado. Allí, los ingresos crecieron por encima del 4%, lo que permitió una leve recomposición. Sin embargo, ese dato no alcanzó para revertir la tendencia general, ya que se trata del sector más precarizado del mercado laboral.
El informe oficial también dejó en claro que el problema no fue aislado. Desde septiembre de 2025, los salarios registrados se ubicaron sistemáticamente por debajo del IPC. La caída acumulada del poder de compra se profundizó mes a mes y ya impactó en el consumo y en la actividad económica.
En ese contexto, los indicadores sociales comenzaron a reflejar el deterioro. Las ventas minoristas mostraron caídas, mientras que el nivel de endeudamiento de las familias creció. La mora en créditos alcanzó niveles elevados tanto en bancos como en entidades no financieras. A la par, el desempleo subió y la informalidad avanzó dentro del mercado laboral.
El análisis interanual ofreció una lectura distinta. En ese período, los salarios mostraron subas por encima de la inflación general. Sin embargo, al desagregar por sectores, las diferencias fueron marcadas. Los ingresos del sector privado registrado crecieron por debajo del promedio general, mientras que los del sector público también quedaron rezagados.
Los especialistas coincidieron en que ese repunte no compensó el deterioro previo. El economista Tomás Amerio señaló que “la recuperación del salario real, aunque en curso, aún no logra compensar la pérdida acumulada de los últimos años”. La advertencia apuntó a que los aumentos resultaron insuficientes frente al retroceso previo.
Desde otra mirada, el economista Luis Campos remarcó la gravedad del escenario actual. “En el mediano plazo la caída salarial es dramática”, sostuvo. Además, indicó que los ingresos se ubicaron en niveles históricamente bajos y que la pérdida frente a años anteriores resultó significativa.
Con este panorama, la evolución de los salarios volvió a quedar en el centro de la escena económica. El quinto mes consecutivo de pérdida frente a la inflación consolidó un escenario crítico para el poder adquisitivo, en un contexto donde los precios continuaron bajo presión y sin señales claras de desaceleración sostenida.
