“Un Papa argentino” es LA noticia que, de una manera contradictoria apela a ese sentimiento de orgullo nacional, que hace suponer que nuestro país estará en la boca de millones de personas en el mundo entero. Y ante esta situación, sentí la responsabilidad militante de expresar mi punto de vista.
Por Pablo H. Honeker
Soy Cristiano. Formado en el Catolicismo desde los 4 años, por haber ido a una escuela Católica. Con los años, ya en mi niñez comencé a sospechar de la Iglesia. Encontraba muchas contradicciones básicas, desde la mirada de un niño, entre la palabra -el discurso, la doctrina- y el actuar de muchos de los que me lo transmitían. Primero fueron mis docentes, luego los curas y por último lo que consideraba cercano o dependiente al Vaticano y su inacción frente a la pobreza que había en el mundo. Entrando a mi adolescencia incurrí en el mundo de la política, leyendo sobre la Revolución Cubana. De ahí en adelante las contradicciones se resolvieron, alejándome por completo de la práctica del Catolicismo. La Revolución Cubana inspiró en mí el gusto por la Historia y sobre todo la de nuestro continente durante la guerra fría. En esas investigaciones conocí la complicidad de la Iglesia Católica con la última dictadura militar. Como habían sido parte del cerebro de ese terrible plan de aniquilamiento de esos Seres Humanos que se habían propuesto cambiar la injusta realidad Latinoamericana. Mi corazón estaba herido, por la bronca que me daba que se utilice de esa forma la idea de un espacio que se atribuye la representación de Dios y las enseñanzas de Jesús.
Las investigaciones posteriores, pero sobre todo la militancia y los debates con compañeros, me hicieron conocer más cosas de nuestra rica Historia. Así conocí a Carlos Mujica, el cura villero, como le decían sus amigos y compañeros, quién representó en nuestro país la línea tercermundista del Catolicismo. Como en toda organización humana, descubrí que en la Iglesia también se daba una disputa hacia dentro que generaba una división de aguas clara y profunda. Conociendo mejor la figura de Mujica, descubrí que él además representaba la reconciliación –una de las palabras más profundas e importantes de la biblia- del Cristianismo con el Pueblo Peronista. La Iglesia Católica se había puesto al Frente de la oposición al Gobierno Peronista, encabezando las marchas en su contra y planificando desde el bombardeo del 16 de Junio de 1955 sobre Plaza de Mayo -donde quedaron los cuerpos de 355 civiles muertos- hasta el posterior golpe de estado unos meses después. Tal es así que al otro año, durante el gobierno de la fusiladora, la Iglesia Católica funda “Caritas Argentina” organización que pretendió –y pretende- restaurar la caridad en nuestro país para remplazar a la Justicia Social que aprendimos a valorar los argentinos gracias al Movimiento Peronista. Mujica representaba la confluencia hacía dentro de dos espacios tan importantes como el Cristianismo y el Peronismo de las líneas que evocaban los ideales de las construcciones de base, de servicio y de liberación. Juntas se nutrían y potenciaban mutuamente. Imagino a muchos curas y cardenales festejando cuando Carlitos cayó abatido por las balas de ametralladora digitadas por la Triple A, vanguardia de la Derecha Peronista. Así, gracias a él, me reconcilié con la Iglesia y fue uno de los que me ayudó a ver con otros ojos al Peronismo, ya que en mis años de adolescencia lo que conducía al Movimiento era el Menemismo y su impronta privatizadora, endeudadora y neoliberal. Sumado a los cientos de casos de referentes que crió esa etapa, que veían en la Política un negocio o una posibilidad de solvencia económica.
En definitiva, la historia y la verdad se impusieron, como sucede siempre en la historia y gracias a los que nunca olvidaron y siguieron luchando hoy muchos más pudimos conocer la historia y la doctrina Peronista y sus legados, y pudimos conocer también sus beneficios al ser implementados, con el Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.
Hoy nos sorprendió a muchos la primicia que dice que Jorge Bergoglio fue elegido Papa. “Un Papa argentino” es LA noticia que, de una manera contradictoria apela a ese sentimiento de orgullo nacional, que hace suponer que nuestro país estará en la boca de millones de personas en el mundo entero. Y ante esta situación, sentí la responsabilidad militante de expresar mi punto de vista. A recuperar el hábito de la escritura, muchas veces supeditado al trajín diario que marcan las acciones asumidas hace tiempo. A compartir con mis compañeros este análisis que no es más que una invitación a debatir y tomar consciencia sobre la situación en que nos encontramos, en este proceso de liberación nacional que solemos llamar Proyecto Nacional y Popular. En principio tener muy en claro que el Vaticano es la expresión, o mejor dicho el vestigio del Antiguo Imperio Romano y que tiene sus sedes por todo el mundo con sus “cuadros y militantes” que les responden con fuerte verticalidad. Así, podemos entender que la elección de Bergoglio, un hombre que no solo fue cómplice de la última dictadura militar, sino que es actualmente un operador político capaz de aglutinar los intereses de los oligarcas, del stablishment, de los monopolios –mediáticos y económicos- en la Argentina y desde aquí los de América Latina. Una América Latina que está atravesando un proceso de unidad como el que soñaron nuestros héroes –Lautaro, Tupac Amaru, Manuel Belgrano, Simón Bolivar, Sucre- cuando se liberó del yugo del Imperio Español, un imperio encabezado por una monarquía que con Isabel la Católica –la católica- a la cabeza y como principal figura a seguir por los que la continuaron en el poder, supo llevar a cabo una profunda reforma eclesiástica en su reino, creando el tribunal de la Inquisición para velar por la ortodoxia católica, echar a los judíos y musulmanes de la península ibérica y llevar adelante la conquista y colonización de nuestro continente, masacrando millones de personas y desapareciendo culturas enteras. Hoy desde los vestigios del poder de Roma, con esta decisión de los cardenales, no han hecho más que demostrar que se sigue imponiendo la línea de muerte y miseria, desigualdad y persecución.
Como profesor de Historia también siento la responsabilidad de aprovechar esta “noticia” para reflexionar sobre la importancia de conocer la Historia y ponerla en juego con el análisis del día a día. Y así concluir con la reflexión de cómo Perón logró imponer la Tercera Posición en el mundo entero, que bregaba antes que nada por la autodeterminación de los Pueblos del mundo, de cualquier injerencia externa, política o religiosa y que hoy más que nunca tenemos que defender con la vida –la vida del día a día- a Cristina Kirchner, nuestro espacio político, tanto sea el Unidos y Organizados o la herramienta electoral Frente para la Victoria, de propios y ajenos, que por quedarse con “la chiquita” y el egoísmo individualista, la mirada obtusa de las construcciones personalistas o las tácticas coyunturales que pretenden darle explicación o fundamento a decisiones especulativas y poco patriotas, están poniendo en peligro el avance y la cristalización de nuestra liberación. Entender que otra vez la Argentina, con el Movimiento Peronista a la cabeza representa la unidad de los pueblos dominados y saqueados en el mundo y que es un faro en el mismo para ubicarse en el camino hacia la memoria, la justicia y la liberación.
Por último como Cristiano, no me queda más que recordar y recordarme el siguiente versículo: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:16)
Neoliberalismo NUNCA MÁS
Peronismo NUNCA MENOS.
AMEN
