Hay dos proyectos en la Legislatura que proponen incluir el aprendizaje de habilidades emocionales en el sistema educativo para fortalecer la salud mental de los estudiantes.
En un contexto donde la salud mental de niños y adolescentes adquiere creciente relevancia, la Legislatura bonaerense debate dos proyectos que buscan integrar la educación emocional en los currículos escolares. Las iniciativas, presentadas por las legisladoras María Fernanda Bevilacqua y Luciana Padulo, de Unión por la Patria (UxP), proponen estrategias para fortalecer la inteligencia emocional y el manejo de las emociones desde la infancia hasta la adolescencia.
El proyecto plantea la creación de un Programa Provincial de Educación Emocional que incorpore de manera transversal la enseñanza de competencias emocionales en todos los niveles educativos de la Provincia de Buenos Aires.
La iniciativa establece que la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) sea la encargada de su implementación, garantizando la incorporación sistemática de estas habilidades en las escuelas. Además, prevé la conformación de una Comisión Interdisciplinaria de especialistas, responsable de diseñar los lineamientos, elaborar materiales y monitorear la efectividad del programa a lo largo del ciclo lectivo.
El propósito central del proyecto es que todos los estudiantes, desde el nivel inicial hasta el superior, accedan a una educación emocional integrada en el currículo escolar, junto con los contenidos tradicionales. A través de esta propuesta, se busca que los alumnos logren identificar y regular sus emociones, comprendan las de los demás y desarrollen capacidades como la empatía, la autorregulación y el trabajo en equipo.
La importancia de estas herramientas emocionales busca tener su impacto positivo en la convivencia escolar y en la prevención de problemáticas como la violencia, el acoso escolar, las adicciones y los trastornos de la conducta alimentaria. Desde el oficialismo remarcan que fomentar la educación emocional no solo contribuye a la salud mental de los estudiantes, sino que también mejora el rendimiento académico y promueve una sociedad más empática y equilibrada.
A pesar de haber sido debatidas en comisiones, las iniciativas aún no lograron llegar al recinto. No obstante, el impulso a la educación emocional sigue ganando terreno en el debate educativo, en un contexto donde la formación integral de los estudiantes se convierte en prioridad.
