Después de sincerar la herencia K, a Macri le toca el desafío de timonear los meses más difíciles hasta que pueda mostrar resultados.
Mauricio Macri acaba de inaugurar una etapa de neorrealismo económico. Su mensaje ante la Asamblea Legislativa le permitió mostrar una realidad de la Argentina diametralmente opuesta a la película que durante años tuvo a Cristina Kirchner como protagonista exclusiva, guión propio que sólo exaltaba éxitos sin mención de problemas domésticos y distribución forzada a través de atriles, cadenas nacionales y profusa propaganda oficial en Fútbol para Todos.
El Presidente se sacó un peso de encima al sincerar la herencia K y llamar a las cosas por su nombre, como ocurre en casi todos los países democráticos. Probablemente este tardío blanqueo del punto de partida de su gobierno le permita redistribuir los inevitables costos políticos de corregir los desbarajustes heredados y diferenciarlos de errores propios no forzados. Lo mismo vale para la revitalizada división de poderes y la negociación de leyes con la oposición. De ahora en más dependerá del Congreso subirle o bajarle el pulgar, o bien modificar los proyectos clave del Poder Ejecutivo. El discurso del 1° de marzo sirvió para ponerlos en contexto.
La primera prueba de fuego será la convalidación del rápido acuerdo logrado en Nueva York con los holdouts. En primera instancia, el proyecto que unifica cuatro leyes implica tomar crédito externo a largo plazo (5 a 30 años según las previsiones oficiales) para levantar una de las más pesadas hipotecas de la gestión CFK, sin afectar las reservas del Banco Central. Esto significará colocar deuda por casi 12.000 millones de dólares (o 15.000 millones si se incluyen los pagos retenidos a los bonistas por el fallo del juez Griesa). En segunda instancia, para completar o encarar obras de infraestructura y cubrir parte del agujero fiscal, sin abultar aún más el déficit ni la emisión de pesos para financiarlo. El Palacio de Hacienda calcula US$ 15.000 millones adicionales. El Estudio Broda estira esa cifra a alrededor de 25.000 millones. La incógnita es qué monto se podrá colocar en el mercado a tasas razonables.
En los papeles, la fórmula de más deuda externa-menos emisión busca aliviar al sector externo de la economía y apuntalar la política de bajar gradualmente el déficit fiscal y la inflación, para reactivar la inversión, la actividad económica y el empleo, tanto a nivel nacional como provincial. El ministro Prat-Gay estima en torno de 7% anual el costo inicial del endeudamiento; o sea, por encima de otros países de la región.
El neorrealismo ayuda a explicarlo. Es cierto que la gestión CFK dejó una muy baja relación deuda en moneda extranjera/PBI (20%); en buena medida, porque le cerró al país la puerta de los mercados financieros externos. Pero el promocionado "desendeudamiento" fue la contrapartida de haber dilapidado las reservas, multiplicado por 24 en once años la deuda del Tesoro con organismos públicos (BCRA, Anses, Banco Nación, PAMI, etc.) y financiado el exceso de gasto público con emisión de pesos sin respaldo. Esta política K le puso un piso alto a la inflación, pese a haberla reprimido con el fuerte atraso cambiario y tarifario, a costa de déficit externo y mayores subsidios.
Salvo con declaraciones voluntaristas, a la oposición kirchnerista le resultará difícil defender ese modelo agotado, que en los últimos cuatro años mantuvo a la economía con estanflación, baja inversión y sin creación de empleos privados. La alternativa sería recurrir a la conocida frase que popularizó el general Perón ("la única verdad es la realidad"). Macri acaba de abrevar en esas palabras. También muchos gobernadores necesitados de fondos frescos.
Mientras el Congreso define el desenlace del conflicto con los holdouts, el Presidente tiene por delante el desafío de manejar dos o tres meses bien complicados, antes de que pueda mostrar resultados. Hasta abril, cuando comience a liquidarse la cosecha gruesa, persistirá la baja oferta de dólares y sólo entonces podrá, en el mejor de los casos, emitir nueva deuda. A la vez, la inflación se mantendrá alta en perjuicio del salario real, por más que obedezca a la corrección de precios relativos y la inercia del año anterior. Aquí también será aconsejable que el Gobierno no abandone el neorrealismo; sobre todo, cuando se avecinan las paritarias. Y también para admitir algunos pasos en falso.
Por caso, la nueva conducción del BCRA acaba de sufrir su primera "minicorrida" cambiaria, a costa de casi 700 millones de dólares en reservas. Sólo tras la fuerte suba del dólar por encima de los $ 16, hizo simultáneamente lo que debería haber hecho al principio: ofrecer un monto impactante (US$ 500 millones); subir fuerte la tasa de Lebac (a 37%) y de pases, además de reducir el porcentaje de divisas que deben computar los bancos.
Esta artillería pesada tiene costos. Entre ellos, eleva el déficit cuasifiscal que implica la fuerte absorción monetaria que a plazos de 30 días aplica el BCRA para frenar la inflación y aún no tiene su correlato fiscal. Por el contrario, el bajo aumento de la recaudación impositiva de febrero (26% interanual) ya reflejó los primeros impactos del cumplimiento de las promesas electorales de Macri (eliminación de retenciones, reintegros de anticipos a cuenta por ventas de dólar ahorro y turista, pagos de reembolsos, etc.)
Todavía es prematuro aventurar si la escalada previa del dólar (22% en enero y febrero) impulsó otra ola preventiva de remarcación de precios, como ocurrió en noviembre y diciembre. Pero no que esta reedición de la bicicleta tasas-dólar endurecerá el crédito al sector privado. No es una buena noticia para el nivel de actividad. Menos para la cadena automotriz, que sufre las consecuencias de la crisis brasileña; o la petrolera, con el derrumbe de los precios del crudo, aún con un precio sostén interno más alto.
Las expectativas inflacionarias tampoco son mejores a corto plazo. En febrero, la inflación se habría ubicado en torno de 4% (según la mayoría de las consultoras privadas) y la mitad corresponde al aumento de las tarifas eléctricas. Así, en los últimos tres meses acumuló una suba de 12%. Y en marzo se ajustarán las cuotas de los colegios privados, volvieron a subir los combustibles en función del dólar y aún está pendiente el ajuste de los precios del gas.
Por si fuera poco, también a fin de este mes se concentra buena parte de los sospechosos contratos de dólar futuro de la gestión Vanoli que, según la consultora Econviews, implicaron un costo de $ 40.000 millones en diciembre y $ 20.000 millones en el primer bimestre. Otra herencia pesada, que ahora deberá ser sincerada por el juez Bonadio.
Fuente: LaNación
