El gobernador Daniel Scioli aprovechará cada día de campaña para salir a la calle a dialogar con vecinos. Recorrerá el conurbano y ya hay un grupo de Intendentes que eligieron diferenciarse de aquellos que se alinearon en Barazategui con Máximo Kirchner. Todos militarán por el triunfo el 22 de noviembre, pero la derrota es el Plan B que nadie desestima y que obliga a pensar en la nueva etapa del peronismo bonaerense. Juanchi Zabaleta, la excepción. Estuvo el viernes con los Mussi y el sábado fue anfitrión en Hurlingham
Daniel Scioli puso en marcha una nueva estrategia de campaña. Saldrá a recorrer el conurbano, pero con una modificación respecto a las actividades previas a las elecciones generales. Esta vez se volcará al cara a cara con el vecino. Dejará de lado actos institucionales para caminar las calles y hablar con la gente. Una de las primeras escalas fue el fin de semana en Hurlingham, acompañado por el intendente electo Juan Zabaleta, uno de los grandes triunfadores de las urnas, que destronó a Luis Acuña, uno de los barones del conurbano.
Ni Scioli ni Zabaleta estuvieron solos. La actividad sirvió para marcar la cancha pensando en un futuro no tan lejano. Se pudo ver a otro grupo de Intendentes que cobrarán peso en un futuro inminente, más allá de lo que diga el balotaje del 22 de noviembre. Estuvieron Martín Insaurralde de Lomas de Zamora; Mariano Cascallares de Almirante Brown; Gabriel Katopodis de San Martín; Francisco “Paco” Durañona de San Antonio de Areco; y Alberto Descalzo de Ituzaingó (uno de los pocos veteranos que sobrevivió al vendaval de las urnas que desplazó a los viejos Jefes Comunales).
La foto que se sacaron sirvió para marcar una diferencia con el grupo de intendentes de “Los Oktubres”, que se alinearon con Máximo Kirchner en Berazategui, con Patricio Mussi a la cabeza, que ofició de anfitrión. Todos piensan en el día después del 22 de noviembre. Nadie jugará en contra de Scioli, pero el posicionamiento tiene un eje ordenador más allá del resultado del balotaje.
La Liga de Intendentes que acompañó a Scioli en Hurlingham hará campaña por el aún gobernador bonaerense. Sacarán a la calle toda la militancia para conseguir el triunfo y asegurar la continuidad del modelo, preservando logros de gestión, sin entregar la conducción del Estado Nacional a Macri, pero alentando cambios necesarios para la nueva etapa. Y fundamentalmente poniendo al kirchnerismo y a La Cámpora en un lugar de menos relevancia política que la actual. Algo es claro, no quieren saber nada con un regreso de Cristina ni en 2017 ni el 2019
Un triunfo de Scioli facilita todo. La lógica del peronismo así lo dictamina. El que gana conduce. Poco se puede especular sobre posibles internas en el futuro con un buen resultado electoral, pero algo es seguro: el kirchnerismo duro no se llamará a silencio y la figura de Máximo Kirchner buscará tener alto perfil en el Parlamento pensando en próximas contiendas electorales.
El Plan B es el que nadie quiere mencionar en voz alta y está relacionado a una derrota en el balotaje. Allí es donde la nueva liga de intendentes quiere hacerse fuerte. Entienden que es necesaria la renovación del peronismo bonaerense, que la gente votó un cambio, y que se terminó la época de obediencia absoluta al núcleo duro de la Rosada. Buscarán ser protagonistas de lo que viene sin darle posibilidades a nadie de recoger los trozos de un dinamitado PJ bonaerense. En ese escenario podría aparecer la figura de Sergio Massa, y ante esta chance, es el tigrense busca extender puentes. Pero todo es una semilla que germinará más adelante.
Uno que está llamado a ser protagonista es Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. Scioli lo aprecia y es el que mejor medía de todos los intendentes en el 2014. No fue candidato a gobernador porque siempre fue denostado por el kirchnerismo duro.
