El vicepresidente electo vive su peor momento con el kirchnerismo. Los radicales k le reprochan que no haya conseguido cargos de importancia en el gobierno, mientras que los radicales puros esperan para vengarse en el Senado.
Fuente: La Política OnLine
Parecía que todo marchaba bien, y que la tan proclamada concertación plural era un éxito. Los Kirchner derrochaban alegría y se confundían en abrazos con Julio Cleto Cobos, el futuro vicepresidente y uno de los radicales K que más pugnó por la alianza entre el peronismo y el radicalismo.
“Concertación no es amontonar, es buscar ideas comunes y principios dentro de la pertenencia que cada uno tiene”, aseguraba Cobos en agosto pasado. “Sé que muchos se preguntaron qué era eso de la concertación; es el resultado de un análisis de cosas que nos han pasado a los argentinos”, agregaba Cristina Kirchner, entonces candidata.
¿Qué pasó, se preguntan ahora los radicales K, para quedar fuera de un gobierno que, menos de blanco y rojo, está matizado por varios colores?
La derrota en Mendoza del radical César Biffi, el delfín de Cobos, en manos del peronista Celso Jaque, comenzaba a escribir el epílogo de una relación que, semanas después, se desgastaría, y que, hoy por hoy, pasa por su peor momento.
Está resquebrajada, casi quebrada, y el triunfo peronista en tierras cuyanas fue determinante para contaminar la empatía que había entre los Kirchner, siempre pragmáticos, y los radicales, con Cobos a la cabeza.
Si la derrota cuyana hizo mella en Balcarce 50, en las tropas radicales – kirchneristas cayó como un balde de agua gélida. Todos los dardos apuntan a un sólo hombre.
“En Mendoza están convencidos que Cobos hizo la jugada para salvarse él”, explican. Por algo, en el radicalismo comenzó a desperdigarse hace rato el mote de “mercenario”. “Va a quedar sólo”, vaticinan.
Por eso, no extrañó demasiado la decisión de Biffi de rechazar el ofrecimiento de vicejefe de Gabinete que le ofreció Alberto Fernández, para reemplazar a Jorge Rivas, internado hace varios días tras un violento asalto en el profundo conurbano bonaerense.
De todos modos, desde el radicalismo K ya afinan la estrategia para pararse frente al gobierno, todavía heridos por la ausencia de dirigentes del centenario partido en las primeras líneas del futuro gabinete.
El primer indicio llegó hace algunas semanas, cuando sus dirigentes anunciaron que formarán un bloque autónomo en el Parlamento, aunque siempre bajo el paraguas de la concertación kirchnerista, aclararon.
“Quieren medir su fuerza, y esperan que en algún momento el Gobierno recurra a ellos”, explican desde el Congreso nacional. Enfrente, en el radicalismo puro, están convencidos que el pedido de ayuda jamás llegará. “Estamos esperando, ya van a querer volver”, auguran.
“¿Y cómo los van a recibir si vuelven?”, es la pregunta obligada. “No sabemos, falta mucho, pero mientras tanto, en el Congreso les vamos a hacer la vida imposible”, responden entre risas, mientras se cuela el nombre de Cobos.
A menos de 20 días de la asunción del nuevo gobierno, el todavía mandatario mendocino llega de la peor manera a la vicepresidencia. El matrimonio K lo tiene entre ceja y ceja, los radicales K lo miran con recelo y el radicalismo puro promete no dejarlo respirar en el Senado. El futuro del radicalismo kirchnerista, por ahora, una peligrosa incógnita.
