Un informe de la Universidad Torcuato Di Tella detectó un deterioro persistente desde diciembre de 2024. La actividad dejó atrás el rebote y mostró señales de estancamiento durante 2025.
La economía argentina enfrentó un escenario de alta fragilidad. La probabilidad de abandonar la fase expansiva en los próximos seis meses alcanzó el 99%, según el último relevamiento del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella.
El dato surgió del Índice Líder (IL), una herramienta que anticipa cambios en el ciclo económico. En enero el indicador cayó 0,58% en su versión desestacionalizada. En paralelo, la serie tendencia-ciclo avanzó apenas 0,11%. En la comparación interanual también mostró resultado negativo.
El investigador Martín González Rozada explicó que “La caída del IL de enero se atribuye principalmente a la disminución de los índices bursátiles, los índices de producción industrial y la recaudación de IVA en términos reales”.
El informe precisó que el IL sintetiza los puntos de giro de la actividad económica medida por el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). El estudio indicó que el índice resume la información “en una forma más clara y convincente que cada uno de sus componentes porque suaviza las volatilidades propias de cada uno de ellos”.
El indicador se construyó con diez variables: el Índice General de la Bolsa de Comercio, el Merval Argentina, el agregado monetario M1, el precio FOB oficial de la soja, las ventas de autos a concesionarios, la recaudación del IVA en términos reales, el despacho de cemento, el Índice de Confianza del Consumidor, el IPI-FIEL de minerales no metálicos y el IPI-FIEL de siderurgia.
El deterioro del índice coincidió con el freno de la actividad. Tras el rebote del segundo semestre de 2024, la economía perdió dinamismo y permaneció casi sin crecimiento durante gran parte de 2025.
El último dato del INDEC mostró que en noviembre de 2025 la actividad cayó 0,3% mensual desestacionalizado. Fue el segundo retroceso consecutivo. En la comparación interanual también registró una baja de 0,3%, según estimó la consultora LCG. Por primera vez en el año, el nivel de actividad quedó por debajo del de 2024.
El análisis sectorial reflejó un cuadro heterogéneo. Un tercio de los sectores presentó variaciones anuales negativas. La industria acumuló cinco meses en retroceso y cayó 8,2% interanual. Esa contracción restó 1,4 puntos porcentuales al índice general. Pesca, comercio, construcción y administración pública también mostraron descensos relevantes y recortaron en conjunto otros 1,2 puntos.
En contraste, algunos rubros ofrecieron alivio. La intermediación financiera creció cerca de 14% interanual y aportó medio punto al resultado global. El agro avanzó 10,5% y registró su mejor noviembre desde 2021 gracias a una buena campaña de trigo. La minería subió 7% interanual. Entre ambos sectores sumaron 0,7 puntos a la variación total. LCG advirtió: “Sin el aporte de estas actividades, la caída interanual habría alcanzado el 3%”.
En el acumulado de 2025, la economía registró una expansión de 4,5%. Sin embargo, desde el pico de febrero retrocedió 0,6% en términos desestacionalizados. El crecimiento efectivo del año fue casi nulo, con un avance de apenas 0,2% respecto de diciembre de 2024.
El Índice General de Actividad (IGA) de Orlando Ferreres y Asociados también reflejó debilidad. En diciembre marcó una baja interanual de 0,2%. En el total anual acumuló una suba de 4,7%. En la medición desestacionalizada registró una caída de 0,6% frente a noviembre.
El informe señaló que el inicio de 2026 presentó un entorno político más ordenado y una macroeconomía más estable. En ese marco sostuvo: “Pensando ya en el año que acaba de comenzar, el panorama parece más despejado, con mayor orden político, y con la macroeconomía en una situación más estable. Esto debería traducirse en mejor oferta de crédito productivo y en una mejora en los niveles de inversión”.
Sin embargo, también advirtió límites estructurales. “Entre las debilidades, debemos mencionar un mercado laboral estancado y precarizado, e ingresos de las familias deprimidos, factores que influyen negativamente en la demanda interna”.
Con este panorama, los indicadores líderes encendieron una señal de alerta. La economía cerró 2025 sin impulso y el margen para evitar una fase recesiva se redujo al mínimo.
