La selección Argentina superó a Australia y avanza en Qatar. Con un excelso Messi, batió récords, abrió el partido y deslumbró con su fútbol y condición física. El capitán, el emblema del equipo, el jugador que busca su última gran conquista.
En el estadio Ahmed Bin Alí, frente a Australia, el Sr. Messi jugó su partido número mil y rompió otra barrera, convirtió por primera vez en fase final de un Mundial. Jugó 10 puntos, manejó los tiempos del equipo y a los 35 minutos de la primera etapa, quebró otra marca, superó nada menos que a Diego Maradona en goles marcados en Copas del Mundo (9) y quedó a sólo uno del goleador Batistuta (10). Para el genio rosarino esta noche qatarí se volvió la jornada de los números.
Fue el líder del laboratorio albiceleste dentro del campo, otra vez tuvo al mejor lugarteniente, Rodrigo de Paul, que con juego y sacrificio, tocó, corrió, metió y tal fue la presión que ejerció sobre el equipo rival, que Julián Álvarez, se encontró con el segundo tanto de la selección, para ampliar la diferencia.
El cotejo supremo que necesitaba tener Leo, la reivindicación del crack en una fase final y con todos los honores y récords. Dejó de lado el trauma de la presión en sus espaldas, de las críticas fútiles y las amarguras de los otros. Jugó una final, la primera de las que quedan para llegar a su cima sentimental, porque ya consiguió todo lo que se propuso en el fútbol a nivel competencia de clubes. Es éste el que quiere lograr y ahí va, conduciendo la Scaloneta con motor turbo y acelerando en la recta final.
La estrategia Scalónica
El partido fue duro, como lo serán los que vengan hasta el final. La paciencia que logró imprimir el entrenador argentino es crucial, se vio un primer tiempo de ensayo, prueba y error para atacar a Australia, que replegada, esperaba con un cerrojo inviolable, se buscaba por los laterales, con incursiones internas, con pelotazos cruzados, pero nada. Esta vez el equipo no cayó en la trampa árabe. Creamos en el arte de la estrategia «Scalónica», el equipo a los 25 ´, dejó salir a los «aussies», cedió pelota y terreno, desacomodó el plan inicial de los amarillos. Esperó tolerante el resquicio para meter el aguijón goleador que abriera el encuentro.
El capitán lo notó, ninguna falta de las que le habían cometido le movió la aguja, en cambio, lo que le desencadenó la ira futbolística, fue que Leo se decidió a ir a presionar y cuando va, acostumbra a no ceder hasta robar el balón. Fue intenso y obligó a Behich, lateral zurdo, a recular tanto que la pelota se fue por la línea de costado. Queriendo proteger la posesión, el defensor agarró de la camiseta a Messi por el pecho y no lo soltó. Ambos parecían bailar un tango, porque el capitán argentino fue hasta las últimas, cara a cara. Ese fue el primer click en la cabeza del 10, movió para Mac Allister, este la jugó para Otamendi, que la quiso parar pero le salió una hermosa asistencia que Messi con su pie guante, al ras y de caño, trasmutó en gol argentino.
Lo que siguió, otra vez, como ante los polacos, comenzó a trascender en el juego, rotación perfecta, apertura por ambas bandas, dominio y posesión. El equipo estaba en su plenitud, el circuito funcionaba a la perfección con su rombo creador, Enzo Fernández, Mac Allister, Messi, De Paul, todos descargando, recibiendo y asistiendo, tanto que llegó el segundo, curiosamente no fue desde la elaboración si no por la presión inclaudicable de Rodrigo De Paul, que asfixió al arquero y consiguió que el rechazo sea interceptado por Álvarez que dominó y sacó un remate débil pero certero para batir la valla de los australianos.
Si no es con sufrimiento no vale
Pudieron ser más, las llegadas de peligro se repetían, faltaba la puntada final y en una contra aislada, un desafortunado rebote que descolocó a Dibu Martínez, teñía de cruel el trámite, pintando los últimos 20 minutos de angustia y padecer. Mención especial para «los Martínez del fondo», la primera de las últimas, un cruce providencial de Lisandro para mandar al córner y la última de las últimas, canonizó al arquero argentino, «San Dibu», que con una salida de guardameta de handball, tapó con su brazo derecho lo que hubiera sido la épica del rival, la igualdad que nos metía en el oscuro túnel del suplementario.
En los partidos de eliminación directa todo puede suceder, a veces de forma conveniente y otras desacorde. Pero este plantel está equilibrado, coherente y con variantes que se dejan ver en diferentes momentos de juego. Se tacharon los octavos de final, se viene Países Bajos en cuartos, un clásico mundialista para la selección Argentina. El deja vu que queremos tener es el del 78 y no el del 98. Tenemos al Sr. Messi, el que va a rubricar el partido 1001, el de los récords imposibles, al que no le quedan descripciones sino elogios, el que quiere levantar la Copa del Mundo.
¡Vamos Argentina!
