Los ingresos fiscales retrocedieron en noviembre y marcaron otra señal de alerta sobre la estrategia económica del oficialismo. La baja de retenciones, el derrumbe del consumo y la caída de tributos clave agravaron el cuadro.
La recaudación nacional cerró noviembre con otro retroceso en términos reales. El dato volvió a exponer la fragilidad de la estrategia tributaria del Gobierno, que insiste en mostrar equilibrio fiscal mientras pierde ingresos en impuestos centrales. Según los números que difundió la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el Tesoro percibió $15,6 billones, con un incremento nominal del 19,7%. Ese porcentaje quedó muy por debajo de la inflación anual estimada en 31,1%. Con esa comparación, la caída real se ubicó en el 8,7% interanual, tal como calculó el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).
El propio organismo oficial admitió que noviembre del año pasado tuvo ingresos extraordinarios que este año no se repitieron. Ese efecto explicó parte del derrumbe, aunque no modificó el escenario general: la recaudación volvió a mostrar un deterioro marcado. Según ARCA, sin aquellos ingresos excepcionales —derivados del régimen de Bienes Personales, la moratoria, el impuesto PAIS y el blanqueo— la variación interanual se habría acercado al 29%. La aclaración no modificó la foto de fondo. El Gobierno entró en su cuarto mes consecutivo de baja real y profundizó el problema que golpea sus cuentas mes a mes.
Nadin Argañaraz, director del Iaraf, lo sintetizó sin lugar a matices: “La recaudación tributaria nacional total habría descendido un 8,7% real interanual durante noviembre de 2025”. El economista agregó que, al excluir los tributos del comercio exterior, el retroceso habría sido del 3,6%.
La explicación quedó a la vista. La reducción de retenciones al 0% durante septiembre provocó un adelanto de liquidaciones del agro y generó un desierto de exportaciones en los meses siguientes. Esa decisión impactó de lleno en las arcas públicas. Argañaraz estimó un desplome del 69% real interanual en los derechos de exportación. El golpe llegó en medio de un discurso oficial que reclama recursos para áreas sensibles, como la emergencia en discapacidad, el financiamiento universitario y el sistema pediátrico.
El efecto dominó alcanzó otros impuestos. Bienes Personales cayó un 64% real interanual, e Internos retrocedió 12,6%. Los datos se conectaron con el deterioro de la actividad y el debilitamiento del consumo. El IVA DGI, que funciona como termómetro del mercado interno, mostró un avance nominal del 24,4%, muy lejos de la inflación anual estimada. Eso significó una caída real del 5,1%, una señal clara del freno en las ventas y de la pérdida de poder adquisitivo. El impuesto al cheque también retrocedió 5,1% real, mientras que los aportes y contribuciones de la seguridad social cayeron 1%, un indicador directo del mercado laboral.
En este contexto, el Gobierno celebró subas reales en solo dos tributos: derechos de importación, con un 21,7%, e impuesto a los combustibles, con un 17,2%. Ambos avances funcionaron como excepción en un esquema generalizado de retrocesos. El Iaraf destacó que en los primeros once meses del año la recaudación total cayó 1% real interanual, aunque el resultado se revirtió a un alza del 5% si se eliminaron los tributos vinculados al comercio exterior.
El impacto del esquema fiscal oficial planteó más dudas que certezas. El costo de la reducción de retenciones se estimó en 0,25% del PBI, un número significativo para un Gobierno que reclama ajuste, promete disciplina y justifica recortes en áreas sensibles. La política tributaria dejó un vacío en las exportaciones, debilitó los ingresos del Estado y reveló, una vez más, las contradicciones internas del proyecto económico.
El cierre de noviembre mostró un patrón que ya es tendencia. La recaudación cayó por cuarto mes consecutivo y volvió a encender alarmas entre economistas y gobernadores. Con un consumo deprimido, exportaciones en retroceso y un mercado laboral en tensión, el oficialismo enfrentó un cuadro que contrasta con su narrativa de estabilidad. El deterioro fiscal no solo sumó señales de debilidad. También presionó la sostenibilidad del programa económico y dejó al Gobierno sin argumentos sólidos para justificar sus decisiones.
