Tras cruces con Techint y el sector textil, el Ejecutivo ratificó su modelo económico. Caputo y Sturzenegger rechazaron los reclamos de la UIA y cuestionaron la idea de una “cancha desnivelada”.
El Gobierno nacional endureció su discurso contra la industria local y escaló una disputa que arrastró varios capítulos desde el inicio de la gestión de Javier Milei. El modelo de apertura importadora y el respaldo a sectores como el agro, la minería y el petróleo chocó otra vez con el entramado fabril, que denunció pérdida de competitividad.
La tensión aumentó luego de que una empresa del Grupo Techint, propiedad de Paolo Rocca, perdió una licitación clave para Vaca Muerta frente a la firma india Welspun. El contrato quedó en manos del competidor extranjero por una diferencia de precio. Desde la compañía local advirtieron sobre competencia desleal. Milei respondió con dureza y calificó al empresario como “Don Chatarrín de los tubitos caros”.
El conflicto se amplió esta semana con la industria textil. El ministro de Economía, Luis Caputo, cuestionó los precios del sector y afirmó que nunca compró ropa en el país. La actividad mostró resultados desiguales y registró fuertes retrocesos en varios rubros. Desde la Unión Industrial Argentina insistieron en que las condiciones actuales favorecieron a la importación.
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, sostuvo que la carga impositiva colocó a las empresas locales en desventaja y graficó la situación como salir a competir con una “mochila llena de piedras”. Los datos oficiales reforzaron ese diagnóstico. Según el Indec, la industria manufacturera cayó 8,7% interanual y el sector textil sufrió una baja del 36,7%.
En ese escenario, Federico Sturzenegger salió a confrontar el planteo industrial. El ministro de Descentralización publicó un extenso mensaje en la red X y rechazó la idea de reducir impuestos para equilibrar la competencia. Tomó el concepto de la UIA y lo invirtió. “Cuanto más desnivelada está la cancha, mayores son las ganancias del comercio”, escribió. Además, afirmó que la reducción del Estado, la desregulación y la baja de impuestos apuntaron a mejorar la remuneración del capital y del trabajo, no a justificar la apertura.
El funcionario también defendió el comercio internacional con una referencia teórica. “Hasta que no entendamos que comerciar es fuente de más y mejores empleos y de mayores niveles de bienestar, no habremos completado el camino hacia una Argentina moderna y próspera”, señaló. En ese marco citó a David Ricardo y recordó que “aún entre economías con diferenciales de productividad enormes convenía comerciar, porque el comercio permitía que uno se focalizara en aquello en lo que era relativamente mejor”.
Caputo reforzó esa línea en una entrevista televisiva. Negó enfrentamientos con sectores puntuales y defendió el rumbo económico. Aseguró que el Gobierno nacional no tuvo enconos “con un sector o con un empresario” en particular” y ratificó la continuidad de la apertura importadora. “Una economía cerrada no sirve, ya está probado. Una economía abierta favorece a la gente”, afirmó. Luego insistió en que “es erróneo decir que la cancha está desnivelada” y sostuvo que los consumidores accedieron a productos más baratos a través de compras en el exterior.
