Una delegación económica encabezada por el viceministro José Luis Daza mantuvo reuniones técnicas con el Fondo Monetario Internacional para cerrar la segunda revisión del acuerdo. El resultado de la negociación definirá un desembolso cercano a los US$ 1.000 millones en un año marcado por la escasez de divisas.
Una delegación del Ministerio de Economía viajó a Washington para avanzar en la segunda revisión del programa vigente con el Fondo Monetario Internacional. El equipo estuvo encabezado por el viceministro José Luis Daza y buscó cerrar los aspectos técnicos del entendimiento antes de su tratamiento formal por el Directorio del organismo.
Desde el Fondo y el Palacio de Hacienda confirmaron la continuidad de los contactos. «Las conversaciones en el marco de la segunda revisión y del artículo IV continúan. Actualmente, una delegación encabezada por José Luis Daza se encuentra en Washington. Compartiremos más información a su debido momento».
Las reuniones tuvieron carácter técnico y apuntaron a definir los detalles finales del acuerdo que dará paso al Staff Level Agreement. Ese documento constituye el paso previo a la aprobación del Directorio y a la liberación de un desembolso estimado en US$ 1.000 millones, clave para reforzar las reservas del Banco Central.
La negociación se concentró en el punto más conflictivo del programa: el incumplimiento de la meta de acumulación de reservas durante 2025, un desvío que obligará al organismo a otorgar un nuevo perdón formal por el incumplimiento de objetivos.
Las estimaciones técnicas indicaron que las reservas netas cerraron el año pasado en niveles muy negativos, lejos de las metas comprometidas. El Fondo planteó que no alcanza con mostrar compras de divisas si esos dólares luego se destinan a pagar vencimientos de deuda.
El equipo económico sostuvo que desde comienzos de 2026 la tendencia cambió. El Banco Central compró más de US$ 2.000 millones en el mercado y proyectó adquisiciones que podrían ubicarse entre US$ 10.000 millones y US$ 17.000 millones durante el año.
Desde el organismo insistieron en la necesidad de consolidar esa estrategia. La vocera Julie Kozack afirmó: «Con respecto a algunas de las cuestiones sobre las reservas, hemos alentado a las autoridades a continuar sus esfuerzos para seguir reconstruyéndolas, fortalecer la confianza en el peso y asegurar el acceso oportuno a los mercados internacionales de capital».
El Fondo también valoró el desempeño fiscal del programa. Según la evaluación técnica, el Gobierno alcanzó un superávit primario que superó los objetivos previstos, aunque ese resultado no logró compensar la debilidad del frente externo.
Además de las reservas, el organismo analizó otros temas sensibles. Entre ellos aparecieron la postergación del nuevo índice de inflación del Indec y los riesgos derivados de litigios internacionales que podrían generar nuevos pagos de deuda.
La misión técnica en Washington continuó las conversaciones iniciadas semanas atrás durante la visita de funcionarios del Fondo a Buenos Aires. En esas reuniones el staff señaló que hubo «muy buenos avances», aunque dejó abiertas definiciones centrales.
El contexto financiero marcó la urgencia de la negociación. Las necesidades de divisas del país podrían alcanzar hasta US$ 40.000 millones durante 2026, entre déficit externo, pagos de deuda y acumulación de reservas.
En el corto plazo, el Banco Central debió afrontar pagos de deuda con reservas propias mientras las negociaciones continuaron abiertas. Si el acuerdo técnico avanza, el Directorio tratará la revisión en las próximas semanas y habilitará el desembolso previsto.
Argentina se mantuvo como el principal deudor del organismo y concentró una parte significativa de su cartera de préstamos, lo que otorgó a esta revisión un peso especial dentro del programa vigente.
