El equipo llega con la esperanza de volver a saborear la gloria olímpica alcanzada en Atenas 2004 y Beijing 2008, y otros resultados destacados como los obtenidos en Ámsterdam 1928 y Atlanta 1996. El impulso de la Copa América.
El seleccionado Sub 23 de fútbol de la Argentina, conducido por el entrenador Fernando Batista, arribó a Tokio para participar de los Juegos Olímpicos que comenzarán el 23 de julio, aunque su debut será un día antes de la ceremonia inaugural.
En ese sentido, el plantel encabezado por Batista llegó a la capital nipona tras una breve gira de preparación por Seúl y se integró a la Villa Olímpica a menos de una semana de su debut, que será el 22 de julio ante Australia a partir de las 7.30 (hora de la Argentina).
La postergada cita olímpica de Tokio es una magnífica oportunidad para borrar la mala imagen dejada en Río 2016, cuando no pasó de la fase de clasificación como culminación de una cadena de errores dirigenciales que derivaron en una convocatoria de jugadores a último momento y el nombramiento de Julio Jorge Olarticoechea como entrenador porque era el único que tenía contrato vigente con la AFA.
Argentina competirá en el Grupo C y luego de enfrentar a los australianos jugará frente a Egipto el 25 de julio a las 4.30 y cerrará la zona frente a España, el 28 de julio, desde las 8, siempre en horario argentino.
UN PLANTEL CON HAMBRE DE GLORIA
Argentina clasificó a los Juegos tras ganar el Preolímpico jugado en Colombia entre el 18 de enero y el 9 de febrero, un torneo que sirvió además para sentar las bases del equipo que debutará la semana próxima, ya que de ese plantel todavía perduran ocho jugadores: el arquero Joaquín Blázquez, los defensores Hernán De la Fuente, Nehuén Pérez y Claudio Bravo, los volantes Fausto Vera, Tomás Belmonte y Alexis Mac Allister, y los delanteros Agustín Urzi y el goledor Adolfo Gaich.
A ellos se les sumaron los arqueros Jeremías Ledesma y Lautaro Morales, los defensores Leonel Mosevich, Marcelo Herrera, Francisco Ortega y Facundo Medina, los volantes Santiago Colombatto, Martín Payero, Fernando Valenzuela, Pedro De la Vega y Thiago Almada, y los delanteros Ezequiel Barco y Ezequiel Ponce.
La preparación del equipo no fue la óptima por dos motivos: la pandemia de Covid-19 que paralizó largo rato al mundo futbolístico, algo común a todas las selecciones, y los obstáculos para que los clubes cedan jugadores por temas de calendario, lo que también fue un problema para los otros seleccionados salvo raras excepciones como Brasil, que concurrirá con figuras como Dani Alves, Richarlison y Diego Carlos.
En la recta final a Tokio, que comenzó a fines de marzo e incluyó una intensa preparación en el predio de la AFA en Ezeiza, el seleccionado argentino jugó cinco amistosos, dos en Japón con el seleccionado local (1-0 gol de Gaich en Tokio y 0-3 en Fukuoka), uno con Dinamarca (2-1 tantos de Barco, de penal, y Vera) y otro con Arabia Saudita (2-0 goles de De la Vega y Gaich) en Marbella, y uno con Corea del Sur en Seúl (2.2 tantos de Mac Allister y Valenzuela).
El equipo nacional contará además con el impulso que significó una conquista que no fue suya pero que repercutió anímicamente en el plantel: la reciente obtención de la Copa América en Brasil y ante el dueño de casa, que oxigenó a un fútbol argentino que venía de sucesivas frustraciones.
