A menos de dos semanas de que la Argentina deba pagar casi 850 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.
A menos de dos semanas de que la Argentina deba pagar casi 850 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, el organismo emitió un informe con observaciones puntuales sobre el rumbo económico del país. En el documento, que forma parte de su evaluación del sector externo global, el FMI señaló que la economía argentina necesita recuperar reservas, impulsar reformas estructurales y restablecer el vínculo con los mercados internacionales si quiere garantizar estabilidad.
El análisis incluyó información hasta finales de 2024 y sumó menciones al cambio de régimen económico que se consolidó con la implementación del nuevo acuerdo de facilidades extendidas. Ese programa, aprobado hace tres meses, implicó la salida progresiva del cepo, la adopción de una política cambiaria más flexible y una estrategia fiscal más restrictiva.
Para el Fondo, la aplicación sostenida de ese programa será determinante para sostener una balanza comercial positiva, atraer inversiones y reforzar la estabilidad externa. En el mismo sentido, los técnicos del organismo recomendaron “una flexibilización cuidadosa de las restricciones cambiarias, acompañada por políticas macroeconómicas estrictas y mayor flexibilidad cambiaria”. Agregaron que esas medidas deberían apuntar a acumular reservas, reabrir el financiamiento externo y mejorar el flujo de inversiones hacia sectores estratégicos como la energía y la minería.
El reporte también advirtió sobre la actual debilidad de las reservas del Banco Central. Aunque el déficit de cuenta corriente cerró 2024 en 0,5% del PBI, el FMI estimó que el país necesitaría un superávit de al menos 1,4% para compensar la falta de acceso a los mercados y cumplir con los estándares internacionales de cobertura. Según proyecciones privadas, lograr ese objetivo implicaría contar con reservas netas cercanas a los 58.000 millones de dólares.
El informe apuntó además contra la sobrevaluación del peso. A fin de 2024, el tipo de cambio se mantuvo entre un 15% y un 25% por encima de su valor de equilibrio, lo que, según el Fondo, complicó la competitividad externa. La transición hacia un régimen de bandas cambiarias anchas, con menor intervención oficial, fue valorada como un paso positivo, pero insuficiente sin un marco de políticas consistentes.
En ese contexto, el FMI sostuvo que “la reciente transición a un régimen monetario y cambiario más robusto permite un tipo de cambio más determinado por el mercado, aunque siguen siendo necesarias políticas macroeconómicas restrictivas”. A futuro, consideró posible una apreciación real del peso, siempre que las reformas en marcha generen aumentos de productividad y competitividad.
La advertencia también incluyó un llamado a reforzar la vigilancia sobre los movimientos de capital. Según el organismo, es necesario aplicar políticas macroprudenciales firmes para evitar desequilibrios financieros, prevenir el ingreso de capitales especulativos y mitigar los riesgos de descalce en moneda.
Por último, el informe señaló que “resultaban esenciales esfuerzos tempranos para recomponer reservas, al tiempo que se promueve una mayor formación de precios y compras de divisas destinadas al pago de obligaciones externas”.
Mientras tanto, el Gobierno sigue negociando con el Fondo el resultado de la primera revisión trimestral del nuevo programa, en busca de que el directorio apruebe el desembolso de 2.000 millones de dólares. Ese monto permitiría enfrentar los pagos que vencen en agosto. El equipo económico había proyectado concluir esta negociación antes de julio, pero los plazos se estiraron. El diálogo entre Buenos Aires y Washington continúa abierto.
