Un informe oficial mostró que el trabajo registrado en el sector privado volvió a reducirse durante marzo. La pérdida de puestos laborales se extendió a la gran mayoría de las provincias y los salarios quedaron otra vez por debajo de la inflación.
El mercado laboral formal atravesó otro mes complicado. Los datos correspondientes a marzo de 2026 reflejaron una nueva reducción del empleo privado registrado y consolidaron una tendencia negativa que se sostuvo durante los últimos meses. A la vez, los ingresos de los trabajadores no lograron acompañar el aumento de los precios, lo que provocó una nueva pérdida de poder adquisitivo.
Según cifras elaboradas a partir del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el sector privado formal contabilizó 6,188 millones de trabajadores en marzo, con una caída interanual del 1,5%. La cifra implicó la desaparición de 96.700 puestos de trabajo en comparación con el mismo período del año anterior. En relación con febrero, la baja fue del 0,1%.
El deterioro del empleo mostró además una fuerte expansión territorial. Veinte de las 24 jurisdicciones del país registraron menos trabajadores privados formales que un año atrás, un dato que confirmó la amplitud de la retracción. Apenas cuatro distritos lograron escapar de esa tendencia y exhibieron resultados positivos: Neuquén, Río Negro, La Rioja y San Juan.
En el extremo opuesto aparecieron las jurisdicciones con las mayores pérdidas relativas. Tierra del Fuego encabezó la lista con una contracción del 9%, seguida por Chubut, Corrientes, Formosa, Chaco y Santa Cruz. La provincia de Buenos Aires también mostró números negativos. Allí el empleo registrado descendió 1,7% interanual. En la Ciudad de Buenos Aires la caída alcanzó el 1,3%.
La comparación mensual tampoco ofreció señales alentadoras. Dieciséis jurisdicciones presentaron retrocesos respecto de febrero, mientras que solo cinco consiguieron incrementos. Entre las bajas más importantes figuraron La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero y Tierra del Fuego.
Los datos oficiales describieron un proceso que se inició durante la segunda mitad de 2023. El informe señaló que la contracción resultó más intensa durante los primeros meses de 2024. Luego apareció una etapa de relativa estabilidad y una recuperación moderada hacia fines de ese año. Sin embargo, el estancamiento volvió a imponerse durante 2025 y derivó en una nueva secuencia de caídas que continuó durante el primer trimestre de 2026.
La situación también expuso dificultades en varias actividades económicas. Entre los sectores con peor desempeño mensual aparecieron la intermediación financiera, la industria manufacturera, el transporte y el comercio. En la comparación interanual, la minería registró una de las mayores pérdidas de empleo, con una reducción del 5,7%, seguida por la industria manufacturera y los servicios financieros.
Algunas ramas consiguieron mostrar números positivos. La construcción avanzó 1% respecto de marzo de 2025 y la pesca registró un crecimiento del 5,8%. Sin embargo, esos resultados no alcanzaron para modificar el escenario general.
A la pérdida de empleo se sumó otro problema para los trabajadores registrados. Los salarios volvieron a ubicarse por debajo de la inflación. La remuneración promedio del sector privado alcanzó los $2.207.129 en marzo, con una suba interanual del 31,6%. La remuneración mediana llegó a $1.540.251 y avanzó 28,1%.
Ambos incrementos quedaron por debajo de la inflación interanual del 32,6%. Como consecuencia, el salario real volvió a retroceder y acumuló una nueva caída en términos de poder de compra.
El economista Santiago Casas describió ese escenario en términos contundentes. Según explicó, “la combinación de estancamiento en los sectores vinculados a la demanda interna —que concentran la mayor parte del empleo formal— y una inflación todavía elevada hizo que el salario real del sector privado registrado acumule siete meses consecutivos de caída”.
Distintos análisis económicos también señalaron que los sectores con mejores perspectivas exportadoras representan una porción reducida del empleo total. Por ese motivo, las mejoras observadas en algunas actividades no lograron trasladarse al conjunto del mercado laboral.
El balance de marzo dejó un diagnóstico claro: la destrucción de empleo privado formal avanzó en casi todo el país, los salarios perdieron frente a la inflación y la recuperación económica aún no mostró capacidad para revertir la tendencia negativa del mercado de trabajo.
