Un informe del Instituto Argentina Grande advirtió que la tasa oficial de desocupación no reflejó la totalidad del problema laboral. El indicador incorporó a quienes realizan changas o trabajos de pocas horas mientras buscan empleo y elevó el nivel real de desocupación al 13,8% de la población económicamente activa.
El presidente Javier Milei afirmó durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso que “Bajamos el desempleo y creció el empleo”. Sin embargo, los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos indicaron otra evolución. La tasa de desocupación pasó del 5,7% al inicio de su gestión al 6,6% en el tercer trimestre de 2025.
Detrás de esa cifra apareció un fenómeno más amplio. Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) advirtió sobre la expansión del llamado “desempleo blue”, una medición que incluyó a quienes realizaron trabajos precarios o de muy pocas horas mientras buscaron una ocupación estable.
El estudio utilizó los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El indicador sumó a personas que buscaron trabajar más horas, que realizaron tareas mínimas durante la última semana y que desarrollaron esas actividades en condiciones informales o de alta precariedad.
Con ese criterio, al 6,6% de desempleo medido por el INDEC se agregó un 7,2% adicional de desocupación encubierta, lo que llevó el nivel total al 13,8% de la población económicamente activa.
La investigadora del mercado laboral del IAG, Candelaria Rueda, sostuvo que la medición oficial respondió a parámetros internacionales pero no reflejó toda la realidad del mercado laboral. “Es necesario ampliar ese estudio. Si bien el criterio de una hora de trabajo es universal y sirve para comparar internacionalmente, se puede mantener el dato e identificar otros factores”, explicó.
El indicador tradicional consideró ocupada a cualquier persona que trabajó al menos una hora durante la semana previa a la encuesta y recibió un pago por esa tarea. Esa definición dejó fuera de la categoría de desocupados a miles de trabajadores con ingresos inestables o insuficientes.
El informe del IAG identificó a ese grupo como parte de una franja laboral con inserción débil. Se trató de personas que realizaron changas o tareas eventuales de baja calidad laboral mientras buscaron un empleo más estable.
Rueda aclaró que la precariedad implicó varias condiciones simultáneas. “Para decir que una persona trabaja en la precariedad tiene que cumplir varios requisitos, como no estar registrada, no tener antigüedad y no poseer capital propio para trabajar”, indicó.
La especialista también diferenció ese universo de otros formatos de autoempleo. “Con precario estamos hablando de la clásica changa”, resumió.
El estudio señaló que la expansión de estos trabajos marcó una transformación del mercado laboral durante los últimos años. La pandemia aceleró ese proceso. Rueda describió ese cambio: “El quiebre se da en la pandemia. El mercado laboral se reconfiguró de manera más precaria, se fragmentó mucho. La búsqueda de trabajo ya no es sólo la fábrica, crecieron mucho las changas”.
El informe también advirtió que el crecimiento del desempleo encubierto golpeó con mayor fuerza a los adultos mayores. Entre las personas de 66 años o más el indicador subió 34% en un año. Si se comparó con el tercer trimestre de 2023, la cantidad de jubilados en esa situación se multiplicó por 2,5.
Los autores del trabajo concluyeron que la tasa oficial resultó insuficiente para describir la presión real sobre el mercado laboral. Según el análisis, la expansión del autoempleo precario permitió que miles de trabajadores quedaran fuera de la categoría formal de desocupados pese a tener ingresos inestables y pocas horas de trabajo.
