La posible designación del juez federal genera inquietud en la Cámara alta. Legisladores de distintos espacios advierten sobre su influencia en Comodoro Py y el impacto de votar en su contra. Mientras tanto, el oficialismo enfrenta dificultades para reunir los apoyos necesarios.
En el Senado, el nombre de Ariel Lijo genera tanto expectativas como temores. El debate sobre su posible llegada a la Corte Suprema no solo se centra en su idoneidad, sino también en las repercusiones que podría enfrentar quien vote en su contra. En los pasillos de la Cámara alta, legisladores de distintas bancadas comentan sobre la influencia del juez federal en Comodoro Py y el temor a represalias que podría desatar su rechazo.
Algunos senadores han señalado que la posibilidad de enemistarse con Lijo no es un tema menor. «Me lo imagino a Lijo colgando en las paredes de su despacho las fotos de los senadores que voten en contra y esperando el momento en que le caiga una causa contra alguno de ellos en su juzgado», afirmó un legislador kirchnerista, quien, aunque no confirmó su voto, dejó claro que avalaría la postulación del magistrado.
El recelo atraviesa todo el arco político. «No es broma tener que votar en contra de Lijo. Es un enemigo que ningún político quisiera tener, más aún si llega a obtener el acuerdo y se convierte en juez de la Corte», expresó un senador radical que representa a una provincia gobernada por otro espacio político.
Mientras tanto, Lijo ha trabajado en ampliar su respaldo. A diferencia de Manuel García-Mansilla, otro de los candidatos propuestos, el juez federal desplegó una estrategia de acercamiento con senadores y gobernadores, visitando sus despachos o recibiéndolos en un departamento en la avenida del Libertador. Su red de contactos políticos abarca peronistas, radicales y representantes de fuerzas provinciales, sin distinción partidaria.
Su nominación, enviada por el presidente Javier Milei el 28 de mayo, recibió 33 impugnaciones en la Comisión de Acuerdos. La mayoría cuestionó su idoneidad moral y su manejo de los tiempos procesales en las causas que tramitan en su juzgado. En la audiencia pública del 21 de agosto, Lijo enfrentó un fuerte cuestionamiento del PRO y la UCR, mientras que el kirchnerismo lo trató con mayor indulgencia.
A pesar de ese primer impulso, la postulación quedó estancada. Cristina Kirchner tomó distancia del juez y condicionó su apoyo a la nominación de una mujer elegida por ella. El panorama pareció cambiar en noviembre, cuando nueve senadores firmaron un dictamen favorable, incluyendo tres kirchneristas: Claudia Ledesma (Santiago del Estero), Sergio Uñac (San Juan) y Lucía Corpacci (Catamarca). Sin embargo, la falta de consensos impidió que avanzara.
En febrero, la Casa Rosada intentó acelerar el trámite para que Milei llegara al 1 de marzo con la Corte completa, pero la estrategia fracasó por falta de votos. Ahora, el escenario se ha vuelto aún más complejo. Con al menos 30 senadores dispuestos a rechazar el pliego y solo 25 necesarios para bloquearlo, las chances de Lijo de llegar al máximo tribunal penden de un hilo.
