Los empresarios del sector no esperan subir la producción en el próximo trimestre y las principales causas son el bajo consumo y la elevada importación. Los supermercadistas también son pesimistas.
La mirada de los empresarios industriales se volvió más negativa frente al corto plazo. Un relevamiento del Indec indicó que el 84,9% de las fábricas descartó una mejora en la producción entre abril y junio, lo que consolidó un escenario de estancamiento en el sector.
El informe también expuso un problema central: la debilidad de la demanda interna. La mitad de los consultados sostuvo que los pedidos se ubicaron por debajo de los niveles habituales. En esa línea, el propio organismo señaló que la “demanda interna insuficiente” se mantuvo como el principal obstáculo para elevar la producción, con un 52,5% de las respuestas.
El deterioro del poder adquisitivo apareció como un factor clave detrás de esa tendencia. Datos oficiales marcaron que los salarios registrados perdieron un 8,9% en términos reales desde el inicio del actual Gobierno. La caída resultó desigual entre sectores: en el ámbito privado fue del 3,5%, mientras que en el sector público alcanzó el 18,3%.
Otros cálculos profundizaron ese retroceso. Entre empleados provinciales la pérdida llegó al 10,3%, mientras que en el nivel nacional alcanzó el 37,2%. En paralelo, el mercado laboral mostró cambios relevantes: se redujo el empleo formal y creció el trabajo independiente, en un contexto de ajuste fiscal. Esa combinación debilitó aún más el consumo.
A la falta de demanda se sumó otro frente de preocupación: la competencia de productos importados, que ocupó el segundo lugar entre los factores que limitaron la actividad. Aunque las importaciones totales mostraron una caída en cantidades, ese dato respondió a la menor compra de insumos y maquinaria. En contraste, los bienes de consumo y los vehículos registraron subas sostenidas, lo que reforzó la presión sobre la producción local.
El nivel de utilización de la capacidad instalada reflejó este escenario. El uso de maquinaria se ubicó en 54,1% durante el primer bimestre, el valor más bajo para un inicio de año. En ese contexto, las expectativas laborales también resultaron negativas: solo el 3,7% de las empresas previó incorporar personal, mientras que el 17,3% anticipó recortes. Desde diciembre de 2023, el empleo industrial acumuló una baja del 5,8%, con la pérdida de 68.800 puestos.
El pesimismo no se limitó a la industria. El sector supermercadista también mostró un cambio de tendencia. El indicador de confianza empresarial cayó a terreno negativo y se ubicó en -6,2%, tras varios meses en niveles positivos.
La percepción sobre la situación actual se deterioró con fuerza. Más de un tercio de los empresarios calificó su desempeño como negativo, y una amplia mayoría no proyectó mejoras en el corto plazo. Incluso, una parte relevante estimó que la situación empeorará.
En línea con lo que ocurrió en la industria, el empleo tampoco mostró señales de expansión. Ninguna empresa anticipó nuevas contrataciones, mientras que casi una cuarta parte proyectó una reducción de su plantilla.
Al momento de identificar las causas, el diagnóstico se repitió: la debilidad del mercado interno apareció como el principal límite para la actividad comercial, seguida por los costos laborales y el financiamiento. El cuadro general dejó en evidencia una economía con bajo dinamismo, donde el consumo continuó sin tracción y condicionó tanto la producción como las ventas.
