Maradona nunca quiso ser, ni fue ejemplo de nada, sólo fascinó a propios y extraños con su talento futbolístico. Se complació en sus trampas y asumió que era una leyenda mucho antes de su partida. Pagó caro el precio de su genialidad y sus excesos.
Tu ausencia se dibuja de muchos colores a la vez. Nunca te fuiste, sólo desapareció un físico golpeado y dañado por la gloria construída para los demás, para nosotros.
Ay Diego ¡Cómo se te extraña! La necesidad de sentirte presente, tu rebeldía, la confrontación con el poder. Todo lo que supiste dejar en tu existencia terrenal, el legado de la pasión, el fútbol, la paleta de goles y tus frases contagiosas.
Repasando datos curiosos de Mundiales en la historia, me encontré con un antecedente singular, Maradona aún mantiene el récord de faltas recibidas en las Copas disputadas hasta hoy (152). Seguís siendo el hombre de las plusmarcas, el jugador esencial, el dueño del gol más lindo de la vida. El ídolo absoluto, el de los comienzos en el barro hasta el despegue cósmico de aquella corrida memorable en el Azteca, el conjunto de metáforas prolongadas que se convirtió en alegoría. Nuestro héroe de carne, hueso y magia.
Este 30 de octubre cumplirías 62 años, levantaremos una copa apuntando para arriba. Dios pagano, tu marca en la Tierra. Por supuesto que brindaremos por lo que fue y por lo que mantenemos en el imaginario colectivo todos los que honramos el deporte más lindo.
Desde Japón en el 79, hasta el zurdazo al ángulo contra Grecia en el 94, antes de que nos cortaran las piernas a todos, de las madrugadas cuando jugabas en el Nápoli hasta «la mano de Dios» en México 86. Cerrando la despedida en la Bombonera repleta y la frase célebre «Yo me equivoqué y pagué…pero la pelota no se mancha». Pintaste todos los graffitis del fútbol mundial, gambeteaste, metiste, te golpearon, caíste pero siempre te levantaste y doblegaste a los rivales, desobedeciste, te rebelaste, descendiste al abismo de los vicios y le pusiste el pecho. Cara y ceca de un verdadero Campéon.
Gracias eternas Diego Armando Maradona Franco, deseo que tu rayo apunte a Qatar y termine de convertir en tu sucesor a Leo, lo necesitamos para levantar la tercera y volver a ser Héroes como en el 86. El latigazo de tu partida jamás nublará nuestro recuerdo y gratitud.
“Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. Roberto Fontanarrosa
«Ningún futbolista consagrado había denunciado sin pelos en la lengua a los amos del negocio del fútbol. Fue el deportista más famoso y más popular de todos los tiempos quien rompió lanzas en defensa de los jugadores que no eran famosos ni populares. Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó. Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero.
Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la exitoína. Los análisis, de orina o de sangre, no delatan esta droga». – Eduardo Galeano
El pibe de oro, magia y talento con el balón.
El tramo final de Maradona. como DT de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Su salud le tendería una trampa mortal en 2020.
Su obra maestra, el "gol del siglo". La segunda anotación a los ingleses en México 86, declarado por la FIFA como el mejor gol en la historia de los Mundiales.
El mural más grande de Diego, recientemente realizado por el artista Miguel Ron, considerado uno de los 10 mejores muralistas del mundo. Está ubicado en el barrio de Constitución en la ciudad de Buenos Aires.
