El ministro presentó la operación como un regreso triunfal a las fuentes de financiamiento, pero la colocación del nuevo bono en dólares terminó en manos locales, rindió por encima de lo prometido y dejó al Tesoro con menos dólares de los que anunció.
Luis Caputo volvió al centro de la escena con la primera colocación de deuda en dólares en casi una década. El ministro habló de un hito y aseguró que Argentina retomó el acceso al crédito voluntario. Sin embargo, la operación dejó dudas en la plaza financiera. El Tesoro tomó US$ 1.000 millones a una tasa del 9,26%, un nivel muy superior al que el propio Caputo anunció cuando adelantó que el objetivo era “menos del 9%”.
La Secretaría de Finanzas informó que “luego de casi 8 años de ausencia en los mercados de financiamiento en moneda extranjera” el Gobierno emitió el nuevo Bonar 2029 con un cupón del 6,5%. En el comunicado sostuvo que recibió ofertas por más de US$ 1.400 millones. La cifra, aun así, quedó lejos de las expectativas del Palacio de Hacienda. El ministerio buscó US$ 2.000 millones para cubrir parte de los vencimientos de enero, pero solo obtuvo US$ 910 millones efectivos, ya que el bono salió bajo la par.
La Secretaría de Finanzas colocó 1.000 millones del nuevo Bonar 2029 en USD marcando el regreso de Argentina a los mercados voluntarios de deuda en moneda extranjera.
✅ Luego de casi 8 años de ausencia en los mercados de financiamiento en moneda extranjera, el Tesoro colocó…
— Ministerio de Economía (@MinEconomia_Ar) December 10, 2025
El regreso a los mercados que celebró Caputo tuvo una particularidad que ningún informe oficial destacó: la colocación quedó concentrada en bancos, aseguradoras, empresas locales y organismos públicos. No ingresó crédito fresco del exterior. “No me parece un gran éxito, son dólares locales, corto arriba de la expectativa y no fue mucha cantidad”, dijo un operador de un banco internacional. Desde otra entidad señalaron que el ministro prometió una tasa menor y que “salió levemente arriba de eso”.
Para empujar la demanda, el Gobierno modificó varias regulaciones antes de la licitación. Finanzas destacó la decisión de permitir que las personas reinviertan cupones sin restricciones, mientras que el Banco Central habilitó movimientos que facilitaron las suscripciones. A las aseguradoras se les ofreció usar dólares propios, incluso aquellos obtenidos tras emisiones corporativas recientes. Desde el sector señalaron que esa flexibilización permitió que parte del dinero que circuló entre empresas y bancos terminara como oferta del bono.
Las novedades normativas no se limitaron a ese incentivo. El Ejecutivo aplicó límites al “rulo” entre el dólar oficial y el MEP en las compras primarias, exigió un parking de 15 días y estableció para los bancos un plazo mínimo de 90 días antes de vender contra pesos los bonos adquiridos. En la previa también circuló la promesa de reducir encajes a las entidades que participaran. Pese a ese clima favorable para los inversores regulados, la tasa quedó en niveles altos.
El rendimiento final, explicó Finanzas, implicó “un diferencial de 550 puntos básicos por encima de los bonos del Tesoro Americano de igual duración”. El organismo afirmó que fue un indicador positivo frente a bonos similares. Pero analistas de la plaza subrayaron el motivo principal de ese rendimiento: la emisión salió bajo legislación local, un factor de riesgo que obliga a pagar un premio mayor. “Fue una buena licitación, aun colocando a una tasa un poco mayor”, afirmó Gabriel Caamaño, aunque aclaró que la comparación con métricas habituales “no sería este caso”.
El contraste con provincias y empresas expuso la fragilidad del logro oficial. Santa Fe tomó US$ 800 millones a nueve años con una tasa del 8,3%. La Ciudad de Buenos Aires tomó US$ 600 millones al 7,8%. La diferencia también quedó a la vista frente a los Bonte 2030, que seis meses atrás obtuvieron mejores condiciones. Mientras otros emisores accedieron a financiamiento más barato y a mayor plazo, Caputo pagó caro y recibió menos dólares.
En los bancos y fondos locales la conclusión resultó similar. Desde una Alyc remarcaron que “la tasa fue peor de lo previsto”, mientras que otro operador describió la operación como “una colocación bastante pobre si le sumamos las declaraciones previas”. La lectura predominante apuntó a que el Tesoro necesitó recurrir a inversores cautivos para mostrar un regreso simbólico a los mercados.
Caputo utilizó la licitación para enviar una señal política en medio de los compromisos inmediatos. El 9 de enero vencen US$ 4.200 millones, contando capital e intereses. La intención oficial fue cubrir al menos parte del pago de los Bonares 2029 y 2030. No lo logró del todo. Desde Cocos advirtieron que el Tesoro todavía necesita más de US$ 3.300 millones para cubrir esa fecha. El mercado espera ahora un préstamo repo para completar el faltante.
El resultado expuso la contradicción entre el discurso y la operación concreta. Caputo presentó la emisión como el inicio de una nueva etapa, pero los números mostraron otra cosa: Argentina volvió a endeudarse luego de 8 años, pagó una tasa elevada y captó menos dólares de los anunciados. La promesa de normalización chocó con un dato sencillo. Como señaló un analista: “La lectura optimista del Gobierno no se condice con el costo real del endeudamiento”.
