La gestión de Demián Reidel al frente de la empresa nuclear estatal quedó atravesada por denuncias internas, despidos en áreas técnicas y decisiones que dispararon críticas por el impacto financiero y político del proceso privatizador.
La conducción de Demián Reidel en Nucleoeléctrica Argentina quedó envuelta en una fuerte controversia interna en medio del avance del plan de privatización que impulsó el Gobierno nacional. Una denuncia por presuntas irregularidades en una licitación clave expuso tensiones, desplazamientos y decisiones que pusieron en duda la transparencia de la gestión.
El foco del conflicto se concentró en una contratación del servicio de limpieza. Un gerente de Atucha I-II presentó una denuncia ante el Comité de Integridad de la empresa y describió maniobras que llevaron a un aumento del 140 por ciento en el valor del contrato, que pasó de 4.400 millones de pesos a 10.700 millones por 24 meses. La operación quedó suspendida tras el escándalo.
Durante el proceso, desde una gerencia ocupada por funcionarios de confianza de Reidel enviaron una instrucción directa al área de compras: “hagan con urgencia la justificación de la diferencia”. La denuncia también apuntó contra el gerente de Coordinación Administrativa, Hernán Pantuso, a quien se señaló por presiones directas para avalar el precio. El texto habló de un accionar intimidatorio hacia personal de menor rango.
Otro intento de respaldo se apoyó en valores de referencia de la Sindicatura General de la Nación. Técnicos de la empresa advirtieron que el monto superó en casi un 60 por ciento esos parámetros. En la compañía, además, se instaló desconfianza sobre la independencia del organismo de control tras la designación de un ex gerente de Nucleoeléctrica como síndico.
La licitación cuestionada se cruzó con una reestructuración interna que incluyó despidos en áreas técnicas estratégicas. Dentro de la empresa surgieron sospechas sobre si esos cambios apuntaron a facilitar contratos direccionados. Voces internas señalaron que varios de los desplazados se negaron a avalar procedimientos irregulares o a incumplir normas internas.
En ese contexto, también se mencionó una contratación vinculada a la migración del sistema SAP, cuyo presupuesto inicial fue de 600 mil dólares y terminó en 7 millones. A eso se sumaron críticas por el aumento de gastos en viajes, representación y el uso de tarjetas corporativas para pasajes en primera clase, además de reclamos de proveedores por demoras en los pagos.
El perfil público de Reidel alimentó aún más el debate. En una exposición para captar inversores, afirmó que Argentina era un gran país y sostuvo que “el problema es que está poblada por Argentinos”. Luego agregó: “Eso es lo único que hemos solucionado”. La frase generó rechazo y se trasladó a la discusión sobre su rol en la empresa estatal.
Desde el mundo financiero también surgieron cuestionamientos. Se recordó una máxima atribuida a Warren Buffet: “nunca pierdas plata” y “nunca olvides la primera regla”. Las críticas señalaron que esas premisas no se reflejaron ni en antecedentes privados ni en la administración actual de Nucleoeléctrica.
La combinación de denuncias internas, decisiones de alto impacto económico y un discurso provocador profundizó las críticas al plan de privatización nuclear. En ese escenario, la gestión de Reidel quedó bajo una lupa cada vez más intensa, tanto por su cercanía con el Presidente como por los efectos concretos de sus decisiones sobre una empresa estratégica del Estado.
