Empresarios, dirigentes y medios que respaldaron al Gobierno cambiaron el tono. Crecen las críticas al rumbo económico y político. En ese clima, el nombre de Mauricio Macri vuelve a instalarse como alternativa.
El clima en el poder económico y mediático registró un giro claro. El respaldo inicial a Javier Milei se debilitó y dio paso a señales de decepción. En ese escenario, empezó a crecer una idea que meses atrás parecía descartada: el regreso de Mauricio Macri al centro de la escena política.
Un dirigente cercano al ex presidente lo describió con una frase que sintetizó el momento: “Algo cambió en las últimas semanas… Mauricio está con ganas de recorrer el país, ya no dice que está retirado y cada vez lo escucho más preocupado por lo que está pasando, pero sabe que hasta noviembre o diciembre tiene tiempo para decidir”. La definición reflejó el nuevo contexto. El líder del PRO dejó de cerrar la puerta a una candidatura y volvió a aparecer como opción para sectores que antes apostaron por Milei.
El cambio no surgió de manera espontánea. En el entorno de Macri identificaron señales concretas. Una de ellas fue el contacto con empresarios de peso. La cena con Paolo Rocca resultó determinante. Allí, el titular de Techint le planteó de forma directa que compita en 2027. El gesto confirmó un movimiento más amplio. Parte del establishment que cuestionó a Macri durante su gestión ahora lo impulsa como alternativa frente al desgaste libertario.
Las críticas no se limitaron al plano político. También alcanzaron el corazón del programa económico. Desde el macrismo transmitieron un diagnóstico que circuló entre empresarios: “Nos dicen que en economía son libertarios pero en el resto se parecen mucho al kirchnerismo, y la vista de lo que se está viendo no están tan equivocados”. La frase sintetizó el malestar. El modelo de Milei perdió respaldo entre quienes esperaban reformas consistentes y resultados rápidos.
En paralelo, el frente mediático mostró tensiones cada vez más visibles. Clarín, uno de los actores más influyentes, modificó su línea editorial y publicó una serie de notas críticas sobre la gestión. Los artículos pusieron el foco en las inconsistencias del plan económico y en el manejo político del oficialismo. La respuesta del Presidente escaló el conflicto. El vínculo se deterioró y dejó expuesta una ruptura con sectores que antes acompañaron.
Dentro del PRO, ese contexto reforzó la idea de reorganizar el espacio. El diagnóstico interno apuntó a la conducción del Gobierno. Desde el entorno de Macri advirtieron: “La economía de Toto no resiste el internismo caótico”. La crítica combinó economía y política. También incluyó cuestionamientos a la estrategia de Karina Milei. “Ella quiere matar políticamente a todos los que no se le someten”, señalaron. Las diferencias con la Casa Rosada ya no se ocultaron y marcaron un quiebre en la relación entre ambos espacios.
El impacto de esas tensiones se trasladó al tablero electoral. En el oficialismo surgieron voces que pidieron evitar una fractura del voto opositor al kirchnerismo. Sin embargo, en el macrismo desconfiaron de esa posibilidad. Consideraron que los movimientos del Gobierno apuntaron a debilitar al PRO en distritos clave. Esa lectura reforzó la decisión de preparar una alternativa propia.
Mientras tanto, Macri avanzó con una agenda de reconstrucción política. Planeó recorridas por distintas provincias y retomó contactos con dirigentes y gobernadores. El objetivo fue reposicionar al PRO en un escenario donde el oficialismo perdió respaldo en sectores clave del establishment.
El cambio de clima quedó a la vista. Empresarios, medios y dirigentes que respaldaron a Milei empezaron a tomar distancia. La falta de resultados y los conflictos internos erosionaron la confianza inicial. En ese contexto, el nombre de Macri volvió a instalarse como referencia. No se trató aún de una definición electoral. Pero sí de una señal política que reflejó el desencanto de quienes, hasta hace poco, apostaron por el experimento libertario.
