Durante la primera mitad del año, el oficialismo no logró imponer su agenda legislativa. La oposición consiguió ocho victorias en apenas una semana, mientras que el Gobierno apenas sumó cuatro leyes propias en seis meses.
Javier Milei terminó el primer semestre del año sin haber logrado marcar el rumbo del Congreso. El dato es contundente: entre enero y junio, el Poder Legislativo sancionó apenas ocho leyes. Solo cuatro provinieron del Poder Ejecutivo. El resto correspondió a proyectos heredados del mandato anterior o presentados por otros bloques, incluidos algunos que el propio Gobierno luego vetó.
En esos seis meses, ingresaron 1.422 proyectos en ambas Cámaras. Sin embargo, el índice de productividad fue bajísimo. Así lo reflejó un informe de la organización Directorio Legislativo, que contrastó ese pobre desempeño con el fuerte protagonismo que Milei exhibió en los medios y en las redes sociales.
Entre las leyes que consiguió la Casa Rosada se destacaron la suspensión de las elecciones Primarias y tres normas impulsadas por el Ministerio de Seguridad, a cargo de Patricia Bullrich. Estas incluyeron dos reformas al Código Procesal Penal y una iniciativa centrada en el crimen organizado. También se sancionaron tres tratados internacionales pendientes desde la presidencia de Alberto Fernández y la declaración de emergencia en Bahía Blanca, impulsada por Unión por la Patria y vetada por el propio Milei.
Muchas otras iniciativas quedaron en el camino. El proyecto para bajar la edad de imputabilidad, anunciado el 1 de marzo en la Asamblea Legislativa, no prosperó. Tampoco avanzaron propuestas como la que buscaba movilizar dólares fuera del sistema bancario. Ni siquiera ingresaron las reformas laboral, previsional e impositiva, que La Libertad Avanza prometió enviar recién después del recambio legislativo del 10 de diciembre.
Mientras tanto, la oposición mostró capacidad de acción. A pesar de su fragmentación interna, logró alinear voluntades para impulsar propuestas que desafiaron al oficialismo. En apenas una semana de julio, forzó el tratamiento de ocho iniciativas clave, entre ellas la emergencia en pediatría, el financiamiento universitario y proyectos vinculados al reparto de fondos con las provincias.
En Diputados, los bloques opositores utilizaron con frecuencia una herramienta contemplada en el reglamento pero reservada para situaciones excepcionales: los emplazamientos. A través de este mecanismo, lograron forzar la reunión de comisiones que el oficialismo evitaba convocar, como la de Presupuesto y Hacienda, presidida por José Luis Espert.
En el Senado, donde no existe esa figura reglamentaria, los legisladores opositores optaron por autoconvocarse. Así destrabaron iniciativas que el oficialismo intentaba frenar y dejaron en evidencia que, más allá de las estrategias dilatorias, lo que define es la cantidad de votos.
Las maniobras parlamentarias del oficialismo comenzaron a perder efecto frente a una oposición que aprendió a moverse en conjunto. La emergencia en discapacidad, las dos leyes previsionales y la insistencia en la declaración de desastre en Bahía Blanca son algunos de los ejemplos más recientes.
Detrás de ese impulso opositor estuvieron los gobernadores. Muchos de ellos autorizaron a sus legisladores a acompañar los proyectos que chocaron contra la resistencia libertaria. También definieron el futuro de los vetos y de otros temas clave que se discutirán en el segundo tramo del año.
El Gobierno apostará sus fichas al Presupuesto 2026. En La Libertad Avanza ya admiten que ese debate comenzará luego del recambio legislativo. Esperan que una nueva conformación parlamentaria les permita negociar en mejores condiciones y conseguir las mayorías que hoy no tienen.
Aun así, persiste una incógnita: si con una mayor representación legislativa Milei evitará por tercera vez consecutiva la aprobación de un Presupuesto. Hasta ahora, el Gobierno manejó los fondos sin controles ni restricciones, con las provincias como principales perjudicadas. Esa dinámica se volverá insostenible si la tensión con los gobernadores se mantiene en niveles críticos.
El segundo semestre pondrá a prueba esa relación. También marcará si el oficialismo logra transformar su dominio discursivo en resultados concretos dentro del Congreso. Por ahora, lo único tangible es que los números no lo acompañaron.
