El encuentro tuvo lugar en club San Justo de La Matanza. Fueron anfitriones Fernando Espinoza y la jefa comunal Verónica Magario. Dieron su presente, entre otros, Daniel Scioli, Alberto Descalzo y tres ex barones del conurbano. La Cámpora no fue de la partida.
El Frente para la Victoria se encuentra dividido en, al menos, tres fracciones. La Cámpora sin poder territorial pero con gran representación legislativos, los Intendentes orgánicos al PJ en la situación inversa, controlandos sus municipios pero con escasas bancas en las cámaras provinciales y un grupo de Intendente que todavía no han decidido con quien jugar.
En este contexto se llevó a cabo la cumbre en La Matanza. Encabezada por Fernando Espinoza, dirigentes peronistas entre ellos Daniel Scioli, y algunos ex Intendentes como Humbero Zuccaro, Raul Othachehe y Mariano West dieron el primer paso -sin La Cámpora- de cara la interna que los espera en 2016 a nivel nacional. Reorganizar y "renovar" el peronismo, fueron las premisas del encuentro.
La foto buscada era, claro, anudar tres piezas de un rompecabezas poderoso: el PJ orgánico (el partido), los intendentes (los territorios) y los legisladores no camporistas, para expresar una unidad en la acción contra el predominio, hoy mayoritario, de La Cámpora. Aun con el reconocimiento a Cristina, a la ex presidente le atribuyen la táctica, con o sin emboscada, que terminó en la derrota de Scioli y del PJ, y a La Cámpora, sin reconocerle nada, les imputan querer imponerse sin aceptar acuerdos o convivencia.
Mientras tanto el fin de semana también tuvo lugar una reunión entre diputados y senadores bonaerenses para discutir que posición tomar con respecto al paquete financiero que pretende aprobar la gobernadora Maria Eugenia Vidal. Su intención es endeudarse por 109 mil millones de pesos para poder sanear las cuentas provinciales. Luego del encuentro se elaboró un documento donde se pide que se baje la deuda a no más de 60 mil millones, se incluyan leyes como el "boleto grautito" y se acuerde un listado de reparto de obras para la emergencia de infraestructura, que permita siempre previsibilidad para lo que le tocará a cada municipio.
Hay un sistema, aceptado por el mundo político y administrativo (el CUD, coeficiente único de distribución) que permite el reparto equilibrado según ingresos y necesidades. Es, en verdad, una discusión económica y legislativa cuyo subtitulado es más brutal: saber cuál o cuáles de todos los actores y tribus se queda con la interlocución con la gobernación.
